Publicado: Mie, 22 Ene, 2014

La diferencia entre Linda McKee y Chicha

Caricatura de Alexandro del Valle Santa Fe, La Habana. Linda Mc Kee, oriunda de Bonita Springs, Florida, es una de las muchas ancianas estadounidenses que escogieron a Panamá como destino final para sus vidas. Y Chicha, natural de Santiago de Cuba y residente en La Habana hace quince años, sueña con vivir en Hialeah aunque termine en un “home”, como le llaman allá a las Casas de Abuelos.

Entre Linda y Chicha hay tantas diferencias como del día a la noche. Leí en un artículo que cuando se jubilaron Linda y su esposo, Eric Carlson, encontraron en el poblado de Boquete, República de Panamá, lo necesario para vivir con tranquilidad: un lugar con un costo de vida barato, un ambiente seguro, buenas comunicaciones viales y una alimentación sana, compuesta de vegetales y legumbres orgánicos.

Pero, ¿qué ocurre en Cuba que no sólo los jóvenes se marchan al extranjero, sino que además, los ancianos deciden quedarse en Estados Unidos, pese al “home”?

A pesar de que en nuestra isla cuentan con instalaciones hospitalarias, muchos no pagan alquiler por la casa y disfrutan de una vida tranquila, son muchos los que se quedan en la segunda o la tercera visita que hacen al país donde viven sus familiares.

¿Acaso será por causas económicas?

-Por supuesto -me responde Chicha-. Basta con una pregunta: ¿qué se puede hacer en Cuba con una jubilación que consiste en el equivalente a diez dólares al mes, y donde los productos alimenticios sólo se pueden adquirir en las tiendas que venden en divisas, una moneda que los ancianos no reciben como jubilación?

También Chicha me explica que hace aproximadamente año y medio sacó una licencia para establecer una quincalla a la entrada de su casa y vender allí bisutería, objetos domésticos de muy bajo costo y algunas piezas de vestir, pero que hoy la entregó de vuelta. ¿La causa? Le prohíben vender los productos que por vía legal sus hijas le mandaban desde otro país.

-Me engañaron como a una boba –se lamenta Chicha- Si me voy y me quedo con mis hijas, es para vivir en libertad.

En cambio, los ancianos norteamericanos que viven en la localidad de Boquete, un distrito perteneciente a la provincia de Chiriquí, no lejos de la capital panameña, aunque no pueden trabajar como asalariados, sí tienen libertad para abrir sus propios negocios, donde venden ropas industriales y todo tipo de artículos del hogar.

He ahí la verdadera razón por lo cual tantos ancianos cubanos sueñan con preparar las maletas y decir adiós definitivamente a la isla de Fidel y Raúl.

 

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