Publicado: Mie, 8 Ene, 2014

Preceptos insuficientes

CPL-Mirian Herrera Calvo-Mujer cubana en pobreza La Habana. La experiencia nos ha enseñado a muchos cubanos que las ordenanzas y decretos emitidos por el gobierno en muchos casos no cumplen o se desvanecen por la apatía popular. El gobierno y sus instituciones no logran los objetivos necesarios para que se cumplan determinadas disposiciones, especialmente cuando se trata de violaciones y omisión de derechos de género, y diversidad del mismo, lo que pone en desventajas a un grupo poblacional tan vulnerables como las mujeres.

El gobierno cubano ha emitido a lo largo de su mandato leyes que han pretendido omitir las verdaderas causas de segregación. Muchas mujeres tienen que padecer igualdades inexistentes, lo que se traduce en discriminación sociocultural y dependientes de la figura masculina, que debido a prejuicios y actitudes históricas machistas, perpetúan escalones inferiores para las verdaderas arquitectas de la humanidad.

La igualdad de géneros es un tema social, económico y político y no se puede separar del actuar diario de la sociedad. Los preceptos actuales son insuficientes y persisten siglos de homofobia ante la evidente emancipación e igualdad de las mujeres, y la ya probada capacidad de igualar sus facultades con los hombres, sin que en ello se infiera la superación o sustitución de espacios.

Las oportunidades de ocupar lugares importantes en los sistemas de gobernación cubanos, son en plazas que permanecen bajo la tutela de los hombres. Las imágenes que se editan con la figura femenina son endurecidas con emblemas militares, estereotipadas y alejada de la verdadera imagen de las cubanas, cuya causa principal es la familia y su conservación. A pesar de la debilitada economía familiar, la pérdida de valores y la desesperanza, muchas cubanas luchan día a día por llevar los alimentos a la mesa familiar.

La defensa de género que se enarbola dentro y fuera del país, tienen un pálido color ante la realidad. Las expresiones de violencia son diversas y cada vez más complejas, destructivas y extensivas. Se sabe que los prejuicios en su totalidad no son responsabilidades de los gobiernos, pero estos deben de tomar las riendas del los problemas con una educación consciente y permanente. Esto sin dudas ayudaría a la disminución de este flagelo.

La solución sabemos que es cuestión de tiempo, educación y empoderamiento, que las propias afectadas reconozcan sus derechos y trasformen las desigualdades en un constante empeño de eliminar los antiguos estigmas que la identifican, con calificativos de inferioridad e incapacidad, pero con un alto nivel de obediencia,  limitadas para tomar decisiones propias y ser las responsables de guiar sus acciones y destinos sin la tutela masculina.

 

 

 

 

 

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