Publicado: Mie, 8 Ene, 2014

Un barrio marginal

CPL-Solar en La Habana Jaimanitas, La Habana. Cerca del paradero de ómnibus de Playa, a la izquierda de   Quinta avenida, existe un barrio marginal llamado Romerillo. Su cercanía al parque de diversiones La isla del coco, (antiguo Coney Island), y de las playas Náutico, La Concha y Ferretero, así como del Palacio de Convenciones, lo hacen un singular conjunto sub urbano.

Antes de 1959 era un barrio donde pululaban bares, restaurantes, fondas y puestos de fritas. Además del afamado Cinódromo, sitios de atracción para turistas, en su mayoría estrellas de la farándula.  Se recuerda sobre todo las noches en el bar de El Churi, con el legendario personaje exhibiendo su arsenal de sonidos y ritmos y cautivando a los visitantes.

La revolución expropió comercios y tugurios, pero con el paso del tiempo los barrios pobres de La Habana crecieron y su pobreza fue mayor. Emigrantes orientales y habaneros de otros repartos, extendieron el barrio hasta confines impredecibles.

El periodo especial tuvo su aporte, con la fundación de La aldea, último núcleo poblacional que se erigió en el espacio disponible entre la avenida Quinta H y la cerca perimetral del antiguo aeropuerto militar de Columbia, sede del estado mayor del ejército de Batista, ahora convertido en Ciudad escolar Libertad.

La aldea ha derivado en el eje distintivo de Romerillo cuando se habla de extrema pobreza, insalubridad y resistencia social. Un entramado de calles, callejuelas, pasillos, cientos de casas unas sobre otras sin títulos de propiedad, ni libreta de abastecimiento, ni reglas urbanísticas, acunan a un número indeterminado de familias que crecen sin parar, laboriosas como hormigas inventando todo el día para sobrevivir.

En La aldea el negocio subrepticio es lo que impera.  Las calles están llenas de gente todo el día, que no trabajan pero que especula de manera intensiva. Los patrulleros entran pocas veces allí. En el centro de La aldea, en un lugar llamado Las cuatro esquinas, hay una mesa de dominó en perpetuo accionar y por ser un lugar tan concurrido, sirve como cubierta excelente   para el mercado negro y el trasiego de productos.

Por la cercanía del mar, muchos Romerilleros han cruzado en balsas el estrecho de La Florida y se asentaron en los Estados Unidos, o se han casados con extranjeros. Dentro de ese sub mundo de miseria se han elevado viviendas lujosas, que asemejan oasis en medio del desierto.

La aldea es el resultado in vitro del reciclaje social. Si se penetra debajo su epidermis, hallaremos un barrio que se levantó en el peor momento de la crisis, en un país con demasiados apuros, que convierte a estos individuos en animales periféricos sin otra opción que la lucha inacabable por sobrevivir.

 

 

 

 

Frank Correa

Frank Correa es periodista independiente y miembro de APLP

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