Publicado: Mie, 19 Feb, 2014

¿Amistad es solo una calle?

Amistad La Habana. Hace unos meses, el escritor cubano Leonardo Padura dijo que “Hay una serie de incongruencias que tienen necesariamente que resolverse para que Cuba vuelva a ser un país normal”.

Como no explicó a qué incongruencias se refiere, algo extraje de esa opinión que me confirma lo mal que andamos: Si vivimos en un país anormal, un país dividido entre los cubanos de la isla y los cubanos del exilio, entre los comunistas y los no comunistas, entre los que se quieren ir y los que se quedan, ¿cómo entonces podría existir la amistad, ese sentimiento altruista, desinteresado, solidario, sincero y transparente?

Raúl Castro lo explicó claramente hace unos meses: “Hemos percibido con dolor, a lo largo de 20 años de Período Especial, el acrecentado deterioro de los valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás”.

Con esta situación que vive el país y como se hace imposible pensar en la amistad, hoy son muchos los cubanos que se refugian en el amor a los animales domésticos.

Uno de los títulos de libros de poesía que más me atrapó en el pasado fue el de Rafael Alcides Pérez: Agradecido como un perro. Agradecidos como un perro ya no son los amigos de hoy, esos que tocan a la puerta de la amistad, sólo porque necesitan algo.

Una buena lección recibí hace un año, cuando el mejor de mis amigos, con el que compartí mi plato de lentejas, lo poco o casi nada de mi bolsillo y sobre todo el tiempo tan escaso que me queda, a quien regalé un perro para que disfrutara de una maravillosa compañía, no hace mucho me demostró su verdadero rostro, que mis ojos no fueron capaces de ver.

Aun así, después de vivir el 14 febrero pasado, Día del amor y la amistad, porque la amistad también es amor, debo recordar a José Cid, a Belkis Cusa Malé, a Heberto Padilla, a Luis Marré, a Mercedes García, a Eiko Takahashi; a todos mis amigos y amigas de mi infancia, porque estos seres fieles queme rodean en casa: mi perro Pope, la pekinesa Mei Li, la dulce y tierna Tina, en honor a Tina Modotti, Tintin, el avispado chihuahuero y Coquito, mi gato blanco pendenciero, no me dejan sentir su ausencia.

No importa que Amistad sea una calle de La Habana. Vivo agradecida como un perro cuando recuerdo a todos misgrandes amigos y me siento orgullosa de tenerlos aún en mi memoria: los que están cerca, los lejanos y losque se han ido de la vida para siempre.

 

 

 

 

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