Publicado: Mie, 12 Feb, 2014

Béisbol o muerte, ¡venceremos!

Logo de Villa Clara La Habana. Se reanuda la LIII Serie Nacional del béisbol cubano (2013-2014) después del trago amargo que nos dejó la Serie del Caribe en Islas de Margarita, Venezuela. Caras recogidas, estadios vacíos, indisciplinas a borbotones y narradores que no paran de lamentarse, es el vivo ejemplo de que nuestro béisbol tiene un techo en peligro de derrumbe.

Los bisoños del manager Ramón Moré, el conjunto de Villa Clara, regresaron sin pasar la etapa de clasificación en tierras venezolanas. Un promedio de bateo de 235, último lugar en pitcheo y fildeo, y 6,62 como promedio general de carreras limpias (CPL), ponen al relieve que el epicentro de los errores no estaba en Margarita, sino en la incapacidad de la Federación Cubana de Béisbol (FCB) para sacar a Cuba del atolladero en que se encuentra hace más de ocho años.

Cuba no gana un torneo internacional de peso desde el Preolímpico de las Américas y la final con Japón en el I Clásico Mundial de Béisbol, ambos torneos en 2006. Las malas actuaciones continuaron con el Mundial de Taipéi de China 2007, la Olimpiada de Beijing y el torneo de Haarlem 2008, el II Clásico 2009, el campeonato Mundial 2011, el Mundial categoría sub-15 2012 y el III Clásico el año pasado, por sólo citar los más significativos.

Esto se sabe y ha sido –y será- objeto de crítica. Nuestro béisbol necesita retornar a la Liga Cubana de antaño, a manera de empresa y con inversión foránea a todos los niveles. No es solamente que la élite de jugadores cubanos firmen contratos con clubes de Asia o el Caribe, sino que los profesionales de otros países –sin omitir a los que juegan en Grandes Ligas- también vengan a jugar a Cuba. El béisbol actual es un negocio, como lo es la primera etapa de la zona Franca del Mariel que Raúl Castro inauguró recientemente con Brasil.

Se puede, pero no se quiere profesionalizar la pelota cubana. Es mejor dejarla que se hunda, que los peloteros deserten o se vigilen unos a otros por ganarse un viaje al exterior, que el arbitraje siga cuesta abajo –a pesar de haber invertido en la construcción de una escuela para árbitros- y que la afición merme o desluzca los espectáculos con indisciplinas, como sucedió el pasado martes 11 de febrero.

Vimos como en el partido entre Villa Clara y Pinar del Río fueron expulsados los peloteros Donar Duarte, de Pinar del Río, y Ramón Lunar, de Villa Clara. Este último, incluido en el Equipo Todos Estrellas de la recién finalizada Serie del Caribe, fue echado por ripostar al pitcher después de un pelotazo. Donar fue objeto de una agresión por parte de un aficionado que le lanzó una botella. Este igual ripostó con ira, devolviendo la botella al agresor.

A un año de implementada la nueva estructura del béisbol nacional, con el objetivo de levantar el nivel técnico-táctico, ya es objeto de cuestionamientos. La clasificación de ocho equipos, de un total de dieciséis en los primeros 45 partidos de la temporada regular, es como concentrar la calidad en una disciplina carente de fogueo internacional, de una rigurosa disciplina deportiva y especialización en todos sus niveles.

La idea de abrirse y levantar el techo de nuestro béisbol, sin apelar a cambios cosméticos como la ronda final de ocho equipos y la inclusión de los llamados refuerzos (peloteros de los equipos no clasificados), es una colisión constante entre la ortodoxia del béisbol revolucionario y los managers o directivos que apuestan sin tapujos al profesionalismo.

Por encima de los motes beisboleros, el espectáculo y las peñas deportivas, la supuesta autonomía en las decisiones a nivel regional, el anuncio de un premio en metálico o la Serie del Caribe como estímulo para el ganador de casa –aunque después se decida llevar a otros peloteros-, se impone la necesidad de los atletas y la de sus familiares a un salario digno.

De momento los cambios que se avizoran en casa van más dirigidos a mover estructuras y conceptos, no en beneficio de los atletas. Mientras esto persista, el deportista seguirá pensando en sus necesidades y por ende mermando su efectividad en el terreno.

Es la política de “béisbol o muerte”, ¡venceremos!

odelinalfonso@yahoo.com

 

Odelín Alfonso Torna

Odelín Alfonso Torna es periodista independiente y miembro de APLP

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