Publicado: Mie, 5 Feb, 2014

El rock cubano sobrevive a cualquier precio

Rock cubano Santa Clara. Casi desde el nacimiento del género, los amantes de la música rock en Cuba han soportado en los últimos 50 años un largo número de hostilidades. Es característica de la dirigencia castrista esa histórica oposición hacia cualquier tipo de música proveniente del capitalismo. En los años 60, 70 y 80 del pasado siglo XX era común que en represalia un cubano perdiera el empleo, le prohibieran los estudios universitarios por llevar el pelo largo y hasta sufriera prisión por exhibir un acetato de The Rolling Stones.

Una práctica típica en aquellos días consistió en el decomiso del radio o multas de hasta 30 pesos por un supuesto delito de “Escándalo Público”. El gobierno socialista alegaba que esa música foránea trasmitía el idioma del “enemigo” y que no sólo su estridente sonido afectaba las mentes de los constructores de la nueva sociedad, sino también por la contaminación ideológica que implicaba.

La radiodifusión del rock and roll también estuvo limitada.  Escuchar música en inglés a través de receptores de frecuencia modulada catalogó como delito penado hasta bien entrados los años 80. Por tanto resultaba utópico soñar ver en televisión a un grupo cultor del rock. La oposición a guerras, las actitudes liberalizadas referentes a la libre expresión y sexo, a la par de sueltas cabelleras, resultaban aspectos recurrentes en sus imágenes que chocaban con el militarismo, censura, machismo y barbas practicadas por los gobernantes.

En las décadas 80 y 90 de la centuria pasada muy raramente en el mismo día se podía oír por la radio un par de canciones del género. El rock fue y continúa siendo algo nocivo al oído de los censores ideológicos emplantillados en cada estación radial cubana.

Aún no existe una verdadera emisión radiofónica nacional sobre esta temática. Aunque en la emisora CMHW de mi Santa Clara natal pervive una programación de un par horas, raras veces aborda sonoridades actuales. Su programación se basa principalmente en trasmitir música de los años 60 y 70.

Respecto a grabaciones en formato disco de 33 rpm (revoluciones por minuto), hasta donde conozco, ningún grupo cubano de rock las posee. Cuando esa tecnología estaba en uso se consideraba a los roqueros como entes proscriptos. Confesar ser seguidor de este género musical casi calificaba como declararse enemigo acérrimo del régimen.

En cuanto al soporte digital, se han producido algunos intentos por parte del oficialismo. Pero respecto a sonidos puramente roqueros, los más prometedores son los producidos por sellos independientes o grabaciones caseras, convirtiéndose esto en casi la única forma que la mayoría de los grupos llegan a su fans.

Aun así, el pobre equipamiento tecnológico e informático existente en la Isla hace que muchas de estas grabaciones alternativas se obtengan sin la calidad requerida. No es de extrañar entonces que bandas interesadas en conservar su obra hayan contactado con disqueras extranjeras, con el riesgo de las consecuentes estafas que esto pueda generar.

Fue con el derrumbe del campo socialista europeo y los cambios que produjo que los patriarcas del castrismo se vieron obligados a flexibilizar este tipo de leyes draconianas.

Sus defensores pueden alegar que hoy gran número de melenudos entusiastas del heavy metal acuden a centros de enseñanzas superiores o trabajan en una factoría, mas no consiguen ocultar su disgusto cuando estos mismos melenudos, en sus planteles de estudios o empleo, opinan sobre la forma de gobierno que padecen o prefieren.

Con la presente censura el cerco es aún mayor. Se sabe de algunas agrupaciones que no pueden interpretar su propio repertorio. En ocasiones el caso es manejado por un funcionario estatal que decreta qué canciones el grupo puede o no tocar. Quizá hoy el ejemplo más destacable de censura absoluta lo sea “Porno para Ricardo”, desterrados de la mayoría de los escenarios del país por sus líricas antisistema.

En una época no tan lejana esto también ocurrió con la legendaria banda punk rock santaclareña “Eskoria”, a la que le suspendieron de las funciones públicas por interpretar “Anarkia”. En una de sus partes, esta canción de irreverente letra nos proponía: “yo no creo en ningún gobierno, vayan todos al infierno”. O en otra no menos transgresora: “yo no acepto ninguna religión, ni presidente, ni dios, sexo, drogas y rock and roll”.

Es sabido que en fiestas recreativas organizadas por el Estado, tales como semanas de la cultura, carnavales u otras por el estilo, existe la máxima de que el “rock no cabe ahí”. Por suerte para los santaclareños, el Centro Cultural “El Mejunje” se atreve a abrir sus puertas con rock cada noche de martes, desde las 9:00 p.m. hasta la media noche.

De tal manera las instituciones culturales marginan la creatividad y el avance del rock cubano. Pese a ello, desde el apartado lugar que le han destinado las autoridades y disqueras nacionales éste revoluciona la escena nacional. Los fans de las voces guturales, las atronadoras baterías y los desgarradores riff se saben desplazados. Mas,  acostumbrados como están a esto casi desde el inicio mismo del género, no hay modo de que se les aplaste.

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