Publicado: Mie, 26 Feb, 2014

El soldado Mendoza, entre la dicha y la miseria

Palmenio Mendoza y su cocina de carbón Guantánamo. Palmenio Mendoza Rodríguez reside en el poblado de Baracoa, provincia de Guantánamo. En la década 60 del pasado siglo se incorpora desde joven a las milicias en la “lucha contra bandidos” convocada por Fidel Castro, iniciándose como soldado bajo las órdenes del comandante Wilfrido Ferré, jefe de batallón 6 del ejército rebelde.

Una vez licenciado del ejército se emplea como operario en la empresa Cuba Café, perteneciente al Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA). Posteriormente se traslada como cocinero a una escuela politécnica, hasta que se jubila con una pensión de 200 pesos mensuales (8 dólares). Hasta hoy Palmenio recibe su mísera jubilación sin contratiempos.

La revolución fue cambiando para peor. Inocentes y honestos como Palmenio apenas se percataron que la escasez alimenticia después de la caída del campo socialista, era el preámbulo de la miseria que hoy vive a sus 76 años.

Achacoso y sin fuerzas, el ex soldado Mendosa tiene que buscar el agua en una carretilla a un kilómetro y medio de su morada, ya que no cuenta con este servicio tan vital. Sobrevive en un hogar donde el piso y la tierra comparten las pisadas, las paredes son de cualquier cosa y el techo de fibrocemento fue regalado por unos familiares de La Habana. Quien vea su casa la puede comparar con los reportajes que la televisión cubana suele mostrar de los barrios marginales en Haití y Ecuador.

La Asociación de Combatientes de Cuba lo premió con una olla eléctrica de fabricación China, la que paga a plazo con el dinero de su jubilación. Tanto para él como para su esposa, ama de casa y coordinadora de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la contentura con el electrodoméstico se acabó cuando el consumo eléctrico se disparó. Ahora la olla yace en un rincón y los frijoles hay que ablandarlos en su viejo fogón de leña.

El soldado Mendoza está con una mano detrás y otra delante, a merced de lo que le puedan regalar, como la vieja nevera que le dejó un pariente que emigró a los Estados Unidos. Ni siquiera pudo cambiarla cuando Fidel Castro plantó su “Revolución Energética” y sustituyó (vendió a plazos) los electrodomésticos de alto consumo.

Palmenio Mendoza Rodríguez guarda con regocijo la medalla de Combatiente de la Revolución. En medio de los recuerdos, la miseria y las necesidades, el soldado Mendoza libra una batalla que se sabe perdida, la misma que liberó cuando Fidel Castro lo convocó hace cinco décadas.

Displaying 1 Comments
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  1. george dice:

    Que se joda! Que apriete el kulo y mueva los pedales.

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