Publicado: Vie, 7 Mar, 2014

Buscando a Inés

La Revolución olvida a sus combatientes La Habana. Si ando buscando a Inés, razones tengo. Murió hace apenas unas horas en La Habana, a los 85 años. Como nunca he visto su foto ni sus datos biográficos en los periódicos a lo largo de más de medio siglo, quiero imaginarla bella, joven, inteligente, porque valiente era, según la breve esquela de defunción, con su habitual recuadro negro, que publicó el periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, el pasado 27 de febrero.

El descubrimiento de un combatiente más, bajo las órdenes de Fidel Castro, dejó de sorprenderme desde hace mucho tiempo. La guerra insurreccional del dictador cubano ha sido la más larga de cuantas han ocurrido en este mundo, si nos guiáramos por el tiempo que llevan contándola y jamás por las 20 mil víctimas que inventó Enriquito de la Osa, en la Revista Bohemia.

Guardo, para mi trabajo periodístico y desde hace muchos años, un archivo con toda la información necesaria que utilizo casi a diario en mis crónicas. Me he dedicado especialmente a coleccionar recortes de la prensa oficialista que tratan sobre la lucha clandestina contra Fulgencio Batista, mártires de esa lucha y biografías de sus personajes más destacados.

Me cansé de buscar algún dato sobre Inés en mis carpetas, y nada. Se la tragó la historia, nada menos que casi todo un siglo de existencia en una pequeña isla del Caribe.

Realizó, según Granma, actividades peligrosísimas a favor de la Revolución de Fidel Castro: fue detenida por la policía de Batista, portando una buena cantidad de dinero e información confidencial de la lucha clandestina y no pudieron hacerla hablar. Su casa fue refugio para revolucionarios perseguidos por la policía, los ayudó a partir hacia la Sierra Maestra como guerrilleros y llevó armas, avituallamiento, mensajes y dinero en varias ocasiones a la Comandancia General de Fidel y al Tercer Frente Oriental de Raúl, actual presidente de Cuba y realizó repetidos viajes a México y Estados Unidos cuando Fidel Castro combatía en las montañas.

Una biografía posee Inés Amor, digna de haber podido recibir un entierro con todos los honores, trasmitido por la televisión, con coronas enviadas por el Comité Central del Partido y un discurso, no importa si mal leído, por un viejo general, donde se destacara la importante trayectoria de esta mujer cubana.

Pero no fue así. Por la breve esquela sabemos que Inés Amor Duquesne nació en Matanzas, que con la Revolución en el poder no cumplió misiones importantes en el extranjero, ni combatió en Angola, ni siquiera estuvo presente en ninguna de las muchísimas guerras que su antiguo jefe organizó y dirigió en varios continentes, como un Alejandro Magno tropical, a pesar de que Inés había tenido una larga experiencia en las tareas clandestinas.

Como pago al riesgo que corrió tantas veces, Inés ocupó un oscuro y ridículo cargo en el Ministerio de Comunicaciones, relacionado con emisiones postales. Allí, según Granma, trabajó cuarenta años de su vida, a partir del triunfo revolucionario de 1959, cuando Inés sólo tenía 30 años.

La he buscado, repito, por todas partes. Ni siquiera en Ecu Red, la enciclopedia cubana más importante del país, aparece su nombre.

Me llama tanto la atención esta pobre mujer, que voy a insistir en ir tras ella. Mi olfato me dice que aquí hay algo oculto. Estoy segura que lo voy a descubrir.

 

 

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