Publicado: Mar, 25 Mar, 2014

CELAC y Cuba, un barco que hace aguas

Raúl y Maduro La Habana. El 10 de diciembre del pasado 2013,  Día de los Derechos Humanos, a todo lo largo y ancho del archipiélago cubano se produjo una enorme represión. Fue protagonizada por los diferentes cuerpos represivos, con el fin de ocultar el descontento de una parte de la población y de las protestas de opositores, algo candente que aún la cúpula del régimen se empeña en ocultar y negar.

Los defensores de los Derechos Humanos en Cuba querían celebrar la fecha. Pero la respuesta de la policía política fue la usual: encarcelar, detener arbitrariamente, golpear y amenazar.

Sin embargo, por esos mismos días La Habana obtuvo un escaño en la Comisión de Derechos Humanos en la ONU y el mandatario Raúl Castro tenía el cetro en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Después de México 2010, Venezuela 2011, Chile 2013 y en este 2014, y luego de ejercer por todo un año como cuarta nación en la presidencia, Raúl Castro entregó el estrado a la gobernadora costarricense Laura Chinchilla. Aunque eso de entregar poderes…es algo inusual en la dinastía Castro.

La ceremonia de traspaso en La Habana fue inmejorable, sin escatimar recursos. Hasta  sacaron a escena al retirado patriarca de la revolución, Fidel Castro, ese carcomido anciano que en el presente, a diferencia del turbulento pasado, gracias a dios ya aparece bien poco por los medios de difusión nacionales.

Ahora lo muestran calzado por una silla especial, y siempre como fondo, en un lujoso escenario desconocido. Las fotos se las toma su hijo Alex, omitiendo con programa digital el auricular que le colocan por la sordera, lo que se suma como Secreto de Estado, otro más de la larga lista de este personaje. Lo vemos aparecer estático, aunque sospechosamente jamás en videos, en aparente animada charla con algunos gobernantes escogidos, preferentemente de izquierdista.

Los cubanos se salvaron de oír los farfullos inconexos del vetusto caudillo, también los visitantes de tener que calar la verdadera atmósfera cubana. La seguridad castrista se encargó de ello. Cerró las principales arterias en la ciudad y advirtió por TV que no se podía transitar cerca de la zona marcada como límite de acceso al ciudadano común, menos aun cargando algo sospechoso. ¡Y vaya usted a saber qué podrían cargar! ¡Probablemente alimentos comprados ha desmesurado precio o algo sustraído de su centro de trabajo para intentar venderlo en el mercado negro!

Tampoco los dignatarios visitantes escaparon a esta feroz vigilancia. Si los presidentes miembros de la CELAC y sus delegaciones hicieron turismo o visitaron lugares o personas, estuvieron bajo la mira, controlados por los hombres sin rostros y vestidos de civil, quienes portan armas de fuego y son posesores de un carnet que abre cualquier puerta en la isla y paraliza a sus pobretones ciudadanos.

Nada de esto ven, o por el contrario, disimulan percibir los gobiernos que acuden a la capital cubana. Lo que resulta más inexplicable aun con uno de ellos, el gobierno de Colombia. Por decenas de años ha sido de los más afectados con el intervencionismo subversivo cubano en la guerra interna que ha costado tantas vidas a su país. Sin embargo, los colombianos escogieron a la capital cubana para resolver esas diferencia provocadas por una guerra de guerrillas que viene desangrando su nación desde 1960, con múltiples grupos insurgentes asolándola: FARC, ELN, M19, EPL, y la guerrilla campesina. Y casi todas relacionadas de alguna manera con los narcotraficantes o con el gobierno de Cuba.

La directiva del gobierno de la isla nunca ha negado su simpatía por estas pandillas armadas. Incluso en algún momento aseguró que si tenían que apoyarlas, lo harían, sin importarles las consecuencias para el pueblo colombiano.

¿Y qué otra actitud se puede esperar de ellos, si con su propio pueblo ha sido feroz? En más de media centuria de fidelismo miles de isleños han muerto y desaparecido por causa de la represión directa e indirecta, todos hijos del sufrimiento y la creciente pobreza. El resultado es una población enferma de ilusión y esperanza, acostumbrada a las remesas, con alcohólicos y mendigos, un proletariado que simular trabajar y que roba para sobrevivir.

¿Qué parte de la historia de Cuba no han leído estas naciones que reconocen, ayudan y apoyan la dictadura y no a su pueblo cautivo?

¿Por qué la CELAC no se involucró con la población ignorante y temerosa?

Se preguntaron por qué no termina la fiebre migratoria que comenzó en la isla en 1959, y que en vez de disminuir aumenta.

¿Les resultará sospechoso que el apellido de una misma familia permanezca y retoñe en el poder? ¿Envidiarán no poder hacer lo mismo en sus propios países?

 

 

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