Publicado: Mie, 12 Mar, 2014

Cuba y Migración

Terminal 2 La Habana La Habana. Desde el inicio del proceso de conquista y colonización en 1492, Cuba se convirtió en receptora en masa de movimientos migratorios externos. El ciclo comenzó con grupos, que de diferentes etnias provenientes de España y cerró en 1960 con inmigrantes igualmente españoles. De un país de recepción y tránsito migratorio en las primeras décadas del siglo XVI – que terminó despoblando casi la isla – pasó a ser escenario de destino para grupos que llegaron a Cuba de manera voluntaria…, o no.

Las principales oleadas procedían de América, Europa y Asia: españoles y africanos de distintas nacionalidades, franceses, italianos, alemanes, ingleses, yucatecos, chinos provenientes de California y del país originario, antillanos, mexicanos, norteamericanos, venezolanos, hindúes, judíos, japoneses, sirios, libaneses, árabes, turcos, palestinos, iraquíes, etc.

El año 1930 marcó el cambio del signo migratorio tradicional en la isla a propósito de la promulgación de la Ley de Nacionalización del Trabajo en 1933. La legislación estipulaba que debían ser cubanos el 50% de todos los trabajadores de empresas industriales, comerciales y agrícolas.

Un dato de la época señala el trastorno económico y social que provocó este repentino giro: durante las tres primeras décadas del siglo XX, el 33% del ingreso en España provenía del envío de remesas familiares de emigrantes españoles que trabajaban en el país.

La Ley era además complementada con un decreto que determinaba la deportación de todos los extranjeros que se encontraban ilegalmente en el país. El hecho provocó un rápido proceso de nacionalización de residentes extranjeros en Cuba, saldo favorable desde el punto de vista demográfico, aunque como contrapartida significó el retorno de miles de personas a su lugar de origen.

A partir de este momento Cuba pasó de receptor a emisor de migraciones, y como consecuencia a perder población, con mayor intensidad en 1959, 1980 y luego entre 1994-1995.

El problema de la pérdida de población se recrudece actualmente si tenemos en cuenta el rápido envejecimiento de la misma, el aumento de la emigración femenina y de parejas jóvenes que no quieren tener hijos en la isla y la inexistente voluntad política de crear condiciones ya sea para disminuir el número de emigrantes definitivos o para asegurar el retorno.

Existen quienes aventuran la solución de la situación demográfica en restablecer los lazos con la antigua tradición migratoria, es decir incentivar la fuerza de trabajo calificada externa; lo que en el periodo colonial se conoció como población flotante. Durante dos siglos la población flotante superó considerablemente a la población fija de la isla hasta que el proceso se estabilizó en el siglo XVII.

A pesar del desarraigo, la incomunicación, los desajustes, las consecuencias personales y grupales traumáticas, las pérdidas y exclusiones que implica el proceso migratorio, el cubano continúa emigrando. 2 800 000 cubanos viven hoy en el exterior, una cifra nada inestimable si se trata de la población de una pequeña nación que aun no supera los 11 millones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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