Publicado: Mie, 19 Mar, 2014

Desaciertos de la salud pública en Cuba

Hospital en Santiago de Cuba La Habana. Para nadie es un secreto que desde hace más de veinte años lo cotidiano en los servicios de salud en Cuba no transita por causes estables. Son diarios ejemplos en la presente situación de la salud pública nacional.

Sólo por solo citar algunas dificultades, mencionemos problemas de equipamiento, escasez de suministros médicos, falta de profesionalidad del personal… Aunque es cierto que en los años ochenta del pasado siglo Cuba se colocó en el rango de potencia médica regional, y que incluso competía en algunos aspectos con países del primer mundo, ya esa imagen ha cambiado mucho en el presente.

“- La atención de salud es pésima”-, opina el minusválido Josué Córdoba, un residente del municipio Cerro de nuestra capital que sufrió la amputación de una pierna tras accidente automovilístico. Según nos refiere, lleva más de dos años en espera de una pierna artificial de reemplazo. Los fabricantes alegan que no construyen la prótesis porque no cuentan con las materias primas necesarias.

Mas Josué se queja:

“-¡Que les ponga en la mano 20 CUC (pesos convertibles en divisa) para que veas cómo enseguida aparecen los materiales!, revelando que la Salud Pública no es ajena a otro de los flagelos que azotan todo el país: la corrupción.

Y este caso de desatención no es aislado. Se tienen referencias de innumerables situaciones que atentan contra la asistencia de calidad en los servicios de salud. Por ejemplo, en el municipio 10 de Octubre de la capital, el 80% de los consultorios del médico de familia no funcionan por escases de personal médico o de enfermería, los medicamentos controlados tienen un atraso de hasta veinte días y, al no enviarse las cantidades necesarias, en muchas ocasiones no alcanzan. Además, en las farmacias resulta imposible encontrar alcohol, jeringuillas para aplicar inyecciones o simple algodón. Y todo esto, o parecido, también es un fenómeno recurrente en el resto de la nación.

Con la excepción de aquellos centros hospitalarios que atienden al turismo de salud, a militares o designados como sedes especializadas de referencia nacional, como por ejemplo el instituto Dr. Pedro Kouri, el resto padece una similar escasez de bienes y servicios.

Uno de los casos más notables lo encontramos en el hospital docente Mayor Gral. Calixto García Iñiguez. Allí, lo cotidiano son las largas filas de pacientes que esperan por atención especializada. El servicio de rayos x se encuentra tan deprimido que en ocasiones los pacientes deben ir a otros establecimientos de sanidad para realizarse las radiografías. Para mayor dificultad, en estos momentos hay varios salones de operación cerrados por reparación, sin que se vislumbre cuándo podrán ser reabiertos.

Algo similar ocurre en el también hospital docente Dr. Salvador Allende, asentado en el barrio habanero El Cerro. En este centro de salud la comida de los ingresados es pésima. Pero no sólo la elaboración es lo deficiente: la calidad de los alimentos deja mucho que desear. Para colmo, se padece una seria escasez de medicamentos del orden especializado, así como de los reactivos para la realización de análisis de urgencias.

Otro hospital, esta vez el materno Hijas de Galicia, radicado en la barriada de Luyanó del referido municipio 10 de Octubre, es un notorio mal ejemplo.  Cuando llegamos allí para la realización de este reportaje, nos dio la bienvenida un sinfín de pequeñas cucarachitas. Y luego de tal recibimiento, de viva voz por las pacientes (algunas recién paridas y otras embarazadas), pudimos conocer sobre la pésima higiene del lugar y de la deficiente atención del personal de enfermería. Para mayor vergüenza, nos comentaron sobre el desinterés del personal especializado, tanto del laboratorio, como de algunos médicos que exigían “regalitos” a cambio de un trato especializado. Por desgracia, este comportamiento ya no es extraño en buena parte del servicio de salud nacional.

Mas, para concluir con justicia, afirmamos que los galenos corruptos no constituyen una mayoría. En honor de la noble profesión, afirmamos que un inmenso número de doctores cubanos conservan intacto el sentido primigenio del Juramento Hipocrático: salvar vidas. Eso sirve de aliciente para los más de once millones de nacionales que, debido a la precariedad alimentaria y la mala higiene, cada vez más dependemos de ellos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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