Publicado: Mar, 25 Mar, 2014

Frustrante congreso

 

Después de la jornada laboral La Habana. Entre el 7 y el 8 de marzo se celebró en La Habana el IX Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Aunque es la única organización femenina aceptada por el Estado y gobierno, la clausura del encuentro la hizo un hombre.

El Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba, José Ramón Machado Ventura, pronunció las palabras finales del Congreso de esta organización de masas, la que poco ha hecho por darle un lugar meritorio a la mujer cubana.

Las delegadas entregaron reconocimientos especiales no sólo a Machado Ventura sino también a Raúl Castro, actual presidente de la nación, y a Fidel Castro. A este último se le envió un saludo y se le obsequió un vitral con la flor nacional, la mariposa, considerada el símbolo de rebeldía de las mujeres que lucharon por la independencia.

En otro momento del acto se hizo un pronunciamiento a favor de la excarcelación de los tres agentes infiltrados cubanos que continúan presos en los Estados Unidos, oficialmente denominados “héroes”, y hasta hubo muestras de solidaridad hacia el gobierno venezolano. Y no podía dejar de mencionarse a Vilma Espín, quien fuera presidenta vitalicia de la FMC desde su creación, a principios de los años sesenta del Siglo XX hasta su deceso, y a quien se le dedicó “gratitud eterna”.

En el encuentro se destacaron temas como la elección de miles de mujeres menores de 35 años para ocupar cargos de base en la Federación (aunque no de los más encumbrados), la lucha contra las denominadas “indisciplinas sociales”, las necesidades actuales de la mujer cubana (que no se detallaron), el envejecimiento poblacional y la baja tasa de fecundidad y mortalidad infantil.

Otros aspectos tratados en la plenaria final se relacionaron con el funcionamiento de la organización, el trabajo político-ideológico y cómo deben colaborar sus miembros en la formación de valores. Se ratificó a la anterior secretaria general y se impusieron el reto de interesar a las jóvenes en integrarse a la FMC.

En este Congreso, las campesinas fueron advertidas sobre la importancia de que se integren a las faenas agrícolas y aporten a la economía del país. Y entre otros temas, se exhortó a las familias jóvenes a ser responsables en la crianza de sus hijos y se señaló además como la FMC debe estar al tanto de la violencia de género.

Mas si antes de los años 90 las mujeres se preocupaban por pertenecer a esta organización era debido a que, de negarse a formar parte de sus filas, podían olvidarse de optar por estudios o trabajos estatales. Aunque no era tan participativa como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la opinión de sus directivas de base era clave para que fuera aceptada la planilla que adjuntaba estas verificaciones sobre su “integración”. La cotización mensual, y la participación en las actividades entre vecinas el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer y el 23 de agosto, aniversario de la creación de las FMC, eran obligatorias.

Ahora son otros los tiempos que corren. Con las carencias y problemáticas diarias y sin soluciones, las nuevas generaciones de mujeres no se sienten beneficiadas por formar parte de una organización que, en definitiva, les fue impuesta. En el presente, sus complicaciones de existencia van desde ayudar a la manutención de la familia hasta en muchas ocasiones cubrir la responsabilidad del ausente progenitor. Los hombres emigran o prefieren el divorcio para no enfrentar las condiciones que generan discusiones, maltratos, violencia y disfuncionalidad familiar. Es más fácil para ellos dar la espalda, o ayudar cuando pueden o se acuerdan.

Ser federada no es un mérito, sino una máscara oportunista para mantener algún buen puesto de trabajo. Para otras representa el yugo del que no se pueden zafar mientras vivan amedrentadas por sufrir represalias al exponer su descontento. Y para muchas más, es el silencio (aparente ignorancia) que sufren, sobre todo las que mantienen una actitud de honestidad sin fanatismos ideológicos.

El IX Congreso de la FMC fue más bien el reencuentro de todos los dirigentes de alto nivel y de las federadas fundadoras. Entre aplausos y presentes se halagaron unos a otros, sin tener en cuenta a las cubanas pobres o de pocos recursos. Ellas son la mayoría, las que no saben qué hacer para dar de comer a sus familias, las que no hablan de cocinar sino de “inventar”. Amas de casa, trabajadoras o jubiladas, son las que día a día se ven agobiadas por las dificultades sin fin. Para ellas no hay congresos ni regalos, solo miserias.

 

 

 

 

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