Publicado: Mie, 12 Mar, 2014

Justos por pecadores

Jóvenes estudiantes del MININT La Habana. Una usanza ideológica pone en entredicho la justeza del sistema educativo cubano, a los estudiantes que poseen familiares cumpliendo condenas penales se les despoja de la posibilidad de ingresar a las escuelas de formación profesional del Ministerio del Interior (MININT).

Las escuelas del MININT, institutos a cargo de la preparación de nuevas generaciones  de oficiales en especialidades vinculadas a los cuerpos represivos de la Seguridad de Estado, la Contra Inteligencia y la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), entre otras, por primera vez entran en las opciones de superación de los estudiantes durante las promociones de la enseñanza secundaria. Además de las aptitudes académicas y físicas, entre los requisitos que demandan para su matrícula, es exigencia que el núcleo familiar de los aspirantes a nuevo ingreso manifiesten actitudes políticas y sociales afines con el régimen

Según comentó un Teniente del MININT en funciones de magisterio, las escuelas se reservan el derecho de elegir a los estudiantes en un proceso selectivo que evalúa parámetros de idoneidad y estereotipa a inocentes.

“En un muchacho se pueden conjugar varias condiciones de fortalezas y sin embargo no ser aceptado por eventos que no están a su alcance pero que, desgraciadamente, de cierta forma lo inmiscuyen, como es el caso de familiares cercanos que se hallan reclusos o que son desafectos a la Revolución”, expresó el Teniente. “En lo personal no creo que la delincuencia y las prácticas antisociales sean un problema congénito, sin embargo no podemos olvidar que somos hijos del medio y la familia es la primera escuela. Diversos estudios indican que en los casos mencionados los hijos son propensos a seguir el ejemplo de los padres y aunque no lo hagan, cuando menos se restaría prestigio a la enseñanza y por consiguiente a nuestro glorioso MININT. No podemos arriesgarnos.”

Adolescentes que sueñan con vestir el uniforme del Ministerio, responsable de salvaguardar la tranquilidad ciudadana y de la nación, pagan por los errores de padres, hermanos y tíos.

Segregados por el modelo de continuación de estudios, la selección vocacional de carreras se reduce a decantación obligatoria hasta obtener el título de Bachiller o Técnico Medio, grados requeridos en la mayoría de los centros estatales para conseguir una contrata laboral.    Jóvenes estudiantes del MININT

En julio, Víctor Rodríguez Alcaide, de 15 años y vecino del capitalino municipio Arroyo Naranjo, después de vencer los exámenes de ingreso recibió la negativa de matrícula. Una investigación arrojó que su progenitor recién comenzaba a cumplir una sanción de ocho años de privación de libertad por delitos económicos.

El padre de Rodríguez Alcaide, Víctor Rodríguez Báez, reseñó que en medio del dolor por la condena, la reprobación de ingreso de “Vitico” fue un golpe doble.

“Llevaba poco menos de un año preso. La noticia me impactó porque sabía que ese era su ilusión y él no tiene culpas en nada de lo que yo había hecho, ni siquiera lo supo hasta que me llevaron a cumplir la sentencia. Eso es algo que aún no acaba de interiorizar, cuando viene a visitarme me demuestra el mismo cariño pero en algún momento siempre me reprocha el no haber podido realizarse”, expresó Rodríguez Báez.

De consuelo, a punto de quedarse sin opciones de estudio, Rodríguez Alcaide matriculó el décimo grado en el Instituto Preuniversitario (IPU) Kim IL Sung de Arroyo Naranjo, en donde señala que la calidad de la educación es pobre y las manifestaciones de “bulling” son “el pan de cada día”.

La historia se repite una y otra vez en cualquier confín de la geografía nacional. Raine Duanis Poll, residente del municipio Alquizar, en la provincia de Artemisa, quien llegó a iniciar un curso en una de las escuelas del MININT, lo echaron al instante de conocer que su hermano mayor enfrentaba un proceso legal acusado de robo con fuerza.

Duanis Poll hace llegar su experiencia con el asombro de quien vive lo increíble. “Me votaron por nada en el momento más feliz de mi vida, hacía mucho tiempo quería estudiar informática y por fin lo había conseguido aunque fuera en una escuela militar. Me dijeron que yo era un alumno muy bueno pero que tenía un hermano delincuente y allí solo aceptaban personas totalmente integras”.

La familia apeló infructuosamente la decisión exponiendo como referencias el comportamiento ejemplar de Duanis Poll en el centro escolar y el barrio, además también participaba de todas las actividades políticas y de masas convocadas por la dirección de la escuela.

“Al principio quería literalmente matar a mi hermano, estaba lleno de odio. Luego recapacité, él no me obliga a hacer lo que yo no quiero y mis acciones no tienen nada que ver con las suyas, son todo lo contrario, así que de ninguna manera pudo perjudicarme. Si hoy no estoy ahí es por motivos mezquinos, la dirección de la escuela es quien tiene la culpa por enjuiciarme por algo que no soy. Sin embargo, estoy tranquilo, ellos perdieron y yo gané, no me merecen”, concluyó Duanis Poll.

 

 

 

 

 

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