Publicado: Vie, 7 Mar, 2014

Mucha escasez y cero guarimba

Agromercado en La Víbora La Habana. Cuando el monopolio de las entidades estatales cubanas no es capaz de garantizar lo imprescindible para la población del archipiélago, las mercancías y servicios se encarecen o desaparecen. Entonces la vida se torna difícil para la mayoría que está en el lado más débil y vulnerable de nuestra sociedad.

El cubano medio se debate entre cómo alimentarse y a la vez solucionar otras necesidades diarias, tales como el aseo y la higiene, alimentarse, vestirse, transportarse y mantener una vivienda. Con salarios y jubilaciones mensuales por debajo de los 20 CUC y 10 CUC (moneda convertible equivalente a $480.00 y $240.00 pesos respectivamente), la población de la Isla no encuentra la manera de organizar sus ingresos y que estos cubran los gastos de más de una quincena. La canasta básica, cada vez más magra, apenas representa una ayuda para la familia, y las compras liberadas resultan demasiado caras, no importa si son en pesos corrientes o en CUC.

“Mis dos hijos están estudiando, y mis padres, que tienen más de ochenta años, reciben bajas pensiones. Tratamos de vivir, pero todo está muy caro, sobre todo la comida. ¡Está por las nubes! Y ahora no hay ni detergente ni desodorante… ¿Hasta las cuántas…?”, se queja con desesperación una obrera capitalina que no quiere dar su nombre.

Con frecuencia, en la prensa oficial aparecen entrevistas donde se exponen opiniones de especialistas y funcionarios de la producción agropecuaria. Algunos comentan sobre este período “de invierno”, normalmente considerado de esplendor en las cosechas de vegetales, viandas y frutas en otros años.

-“Ha sido un tiempo malo para el tomate, la col y las hortalizas en general. El clima no se comportó como debía. Llovió cuando no se esperaba, y el frio fue casi imperceptible cuando era más necesario para el desarrollo de estos cultivos”, declaró al diario Juventud Rebelde el director Herminio Ravelo, jefe de la Unidad Empresarial Comercializadora del municipio Güira de Melena, en la provincia de Artemisa.

Se podrá aceptar la explicación de este directivo agropecuario de la nueva provincia occidental, sin embargo, nada se menciona sobre la papa. ¿Dónde está?  Sembrado y distribuido solamente por el Estado cubano, en decenios este producto fue uno de los principales alimentos de la población. Conservada en frigoríficos, la cosecha anual era comercializada durante todo el año. Incluso había meses en que se despachaban 8 y 10 libras por persona.

En el 2013, en su nueva modalidad de producto” liberado” (o sin regulación en la cartilla de racionamiento aun vigente), con precio oficial de 1 peso la libra, fueron pocas las veces que se distribuyó. En los agro-mercados seleccionados para su comercialización, en lugar de largas filas organizadas se produjeron grandes tumultos en los que la policía debió intervenir y poner orden. Los que tenían transporte aprovecharon para acapararlas, comprando numerosos sacos de papas.  Otros, para vender ilegalmente por la vía pública, prepararon bolsas de plástico con muestras limpias y grandes, al precio de $25.00 pesos o 1 CUC por cada envoltorio.

Queda claro que si no se vuelve a colocar más de ese producto a la venta, lo que se consume se acaba. Hace meses que la población no puede alimentarse con el mentado producto de la tierra. La papa sólo puede degustarse en algunos restaurantes privados, o “Paladares”, y en hoteles de lujo.

La sustitución por otros tubérculos no es muy favorable. La libra de boniato se vende a $2.00 pesos y la de malanga regular a más de S3.00. De ésta, la conocida como isleña o “chopo” cuesta $1.80 pesos la libra, pero se corre el riesgo de que resulte picante.

La costumbre cubana de comer frijoles, arroz y vianda en cada comida ha pasado a ser una tradición de antaño. Mucho menos presente es el consumo de vegetales. Las zanahorias, remolachas y coles están a $10.00 pesos, el mazo de habichuela entre $5.00 y $6.00, y es difícil encontrar lechuga, berenjena y acelga. En el agro-mercado de las calles 19, entre A y B, en el barrio capitalino Vedado, un sonriente vendedor muestra la coliflor a $35.00 pesos la libra.

Por otro lado, sólo el tomate de mala calidad está a $6.00 pesos la libra. “¡Redondos como manzanas, mire qué lindos!”, propone un cuentapropista que los vende en su carretilla a $10.00 pesos la libra. La gente pasa, lo escucha, mira y se marcha sin comprar.

Los constantes anuncios televisivos, que sugieren el consumo de vegetales para una dieta sana, muestran una mesa con una ensalada variada, vasos llenos de jugo y proteína animal.

-“¿Y dónde está esa casa? No conozco a nadie que coma tan bien. ¡Aquí hay que comer lo que aparezca!”-, se queja una anciana ante el comentario irónico de otro cliente en tanto escoge unos plátanos de fruta de una tarima del agro-mercado de la calle Ánimas, en el municipio capitalino Centro Habana.

El mes de enero comenzó con más carencias que las habituales. Sin apenas alimentos asequibles, en las tiendas recaudadoras también faltan o escasean los principales productos de aseo personal y de limpieza – y entiéndase los más baratos-. El efecto de los cambios climáticos y la indolencia de los dirigentes a todos los niveles parecen estar confabulados contra quienes se encuentran en una posición a la que parece no llegar mejora alguna.

Fuente consultada.

Campo revuelto, pérdidas para los bolsillos, Marianela Martín González, Juventud Rebelde, 01 de febrero de 2014, P.4.

 

 

 

 

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