Publicado: Mie, 19 Mar, 2014

Noemí ya tiene su inodoro

La casa de Noemi Santa Fe, La Habana. En días recientes, la prensa oficialista publicó que en América Latina mueren al día cuatro mil niños por falta de acceso al saneamiento y al agua, puesto que 120 millones de personas carecen de inodoro y el 80 por ciento de las enfermedades en los países en desarrollo son provocadas por un saneamiento inadecuado y por poco acceso seguro al agua.

En la Cuba de Fidel y Raúl Castro, este es un problema que en más de medio siglo aún no se resuelve. Según el Censo de Población y Viviendas del 2012, hay 82,608 bohíos en zonas rurales que carecen de inodoro, lo que provoca la ausencia de saneamiento, así como 13,445 viviendas improvisadas, con las mismas características, construidas con materiales de desechos en barrios marginales, surgidos en la Revolución.

También arroja el Censo que el 96,8 % de los hogares tienen cocina y que sólo poco menos del 80 % de las viviendas particulares declararon tener servicio sanitario con agua corriente y desagüe propio.

Noemí, una joven que vive en el barrio marginal La Luz Brillante, perteneciente a la comunidad de Santa Fe, al oeste de La Habana, cuenta cómo a sus veinte años de edad es que pudo disfrutar por primera vez de un inodoro en su propia casa.

Recuerda cuando bajó para siempre de las montañas, allá por los años noventa del siglo pasado. Era apenas una niña de 5 años.  A Santa Fe, donde residen más de 50 mil personas, la mayoría provista de inodoro con sifón, ya que esta comunidad costera, fundada hace más de siglo y medio aún continúa sin alcantarillado, llegó Inés con sus padres hace ocho años, luego de hacer una vida de gitanos por toda Cuba.

Se detuvieron en una de estas recónditas zonas costeras al oeste de La Habana, donde viven numerosas familias de origen oriental, todos residentes ilegales, sin permiso del gobierno para dicho traslado.

Con materiales de desecho que encontraban a su paso: maderas viejas, pedazos de cinc, láminas deterioradas de cartón, etc., construyeron un cuarto donde dormir. La gran mayoría cocina con leña, porque no tienen derecho a la Libreta de Abastecimiento que proporciona el gas licuado.

Fue aquí en La Luz Brillante donde Noemí, ya convertida en una muchacha, comenzó a disfrutar por primera vez de un inodoro. La experiencia fue para ella trascendental. Me cuenta, toda feliz, que se lo agradece a Raúl Castro, al permitir la venta de materiales de la construcción. De esa forma su padre pudo obtener en el Rastro una taza de inodoro a bajo costo, la instalaron en un pequeñito cuarto, cómodo y privado, dentro de la casita, y gracias a amigos y vecinos pudieron hacer una fosa séptica para la evacuación de los excrementos.

“En ese momento -dice Noemí- comencé a vivir como una persona, como Dios manda. Pero no todos aquí han podido adquirir un inodoro. Tampoco en las montañas de la Sierra Maestra, donde quedan varios de mis familiares. Allí siguen viviendo con muy mala higiene, soportando los malos olores del retrete rústico, mientras los niños defecan al aire libre, y las enfermedades que allí se presentan son provocadas por las malas condiciones de vida.”

Esto demuestra que la llamada Revolución Cubana, como no ha hecho del saneamiento una prioridad de desarrollo para lograr erradicar ese flagelo, nada dice sobre las consecuencias que representa el hecho de que aún existan, según datos oficiales, 82, 608 bohíos, donde fácilmente medio millón de personas puede mal vivir en un ambiente de insalubridad y otro millón en miles de barrios levantados por familias completas que huyen de las montañas y de otras muchas zonas rurales del país.

 

 

 

 

 

Escribir un comentario

XHTML: Ud.puede utilizar los siguientes tags html: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>