Publicado: Vie, 7 Mar, 2014

¿Quién le pone el cascabel al gato?

Estadio Latinoamericano La Habana. En los últimos años el flagelo de la violencia “marca tarjeta roja” en casi todos los espectáculos deportivos organizados en la Mayor de las Antillas. Eventos de alta o baja categoría competitiva, en vez de sano espacio de esparcimiento, sirven como caldo de cultivo para las más variadas formas de agresión.

La disciplina dentro de los terrenos, la cultura para presenciar un partido bajo las más elementales normas sociales, la capacidad de impartir justicia y de hacer cumplir las leyes de nuestro país, son actitudes cada vez menos presentes en atletas, aficionados, árbitros, directivos y autoridades.

Gracias a la transmisión televisiva del altercado protagonizado el 17 de febrero por miembros de los equipos Villa Clara y Matanzas de béisbol, cuando un jugador bate en mano golpeó el rostro de uno de sus rivales durante la celebración de un encuentro correspondiente al calendario de la LIII Serie Nacional de Béisbol (SNB), se pudo medir a careta quitada los niveles de violencia que rodean al deporte cubano.

Siendo la SNB el principal evento deportivo del país, el suceso generó amplia connotación mediática y el reconocimiento de que no se trata de un hecho aislado, sino que pasajes como este son reiterativos en los escenarios competitivos de la mayoría de las disciplinas, a los campeonatos nacionales de fútbol y baloncesto les sobran ejemplos.

Tomando en cuenta experiencias anteriores, las medidas disciplinarias impuestas a los atletas Freddy Asiel Álvarez de Villa Clara y Demis Valdés de Matanzas, quienes desataron el incidente, además del árbitro principal Osvaldo de Paula y los comisarios técnicos por no aplicar a tiempo el reglamento, más que sanciones parecen una jugada para sofocar la indignación y el alboroto de la opinión pública.

A Freddy Asiel, por propinar dos pelotazos considerados intencionales, y a Demis Valdés por tomar la justicia por sus manos y agredir con un bate al inicialista villaclareño Ramón Lunar, pudiendo haberle causado la muerte, se les separó por un año de las SNB y cualquier otra forma de competencia. El árbitro principal del encuentro, Osvaldo de Paula, fue cesado de sus funciones por un año. Los comisarios técnicos recibieron una amonestación pública.

Sin ánimos de ensañamientos, lo que pudo desembocar en una tragedia mayor debió valer para sembrar pautas en cuanto a disciplina y profesionalidad. La agresión física perpetrada por Demis Valdés, según regula el Capitulo III, Artículo 4, inciso f del Reglamento Disciplinario aprobado para la Serie Nacional, es motivo suficiente para la separación definitiva del movimiento deportivo, fórmula también aplicable para Freddy Asiel, dueño de una recta por encima de las 90 millas/hora.

Se dio a conocer que la Comisión Provincial de Deportes de Villa Clara apelará la sanción de Asiel, principal figura del staff de lanzadores del territorio. El reclamo se basará en lagunas detectadas en el documento que notifica la penalidad, donde se aplican los acápites 8.02 (inciso d) y 9.05 (inciso c) del Reglamento Oficial.

Según expresó el propio Asiel, que se declaró inocente en entrevista al diario Granma, el acápite 8.02 en su inciso d expresa que “si a juicio del árbitro se lanza una bola intencional, aquel puede expulsarte del juego o advertirte”, a lo que refiere que “no ocurrió ninguna de las dos cosas”.

Del acápite 9.05 inciso c, explicó que “después de recibir el informe del árbitro de que un jugador ha sido descalificado por determinada actitud antideportiva, el presidente de la liga impondrá otras penalidades”, paso que según Asiel el árbitro pasó por alto, perdiendo objetividad la sanción. “¿Entonces, en virtud de qué se me sanciona?”

En la otra cara de la moneda, la medida aplicada a de Paula por no decretar la expulsión inmediata de Asiel después del primer pelotazo, contrasta con otra de igual magnitud tomada en contra de un árbitro de apellido Lovaina, a quien se le castigó por echar en circunstancias similares al lanzador de Ciego de Ávila Vladimir García, primer pitcher, además, de la selección nacional.

Los pronunciamientos de la CNB, en ese entonces, abogaron por que los encargados de impartir justicia en los partidos siguieran una política más analítica y flexible en relación a las expulsiones, máxime cuando se trate de jugadores de cabecera que influyen notoriamente en los resultados de sus equipos.

La amonestación pública dictada para los comisarios técnicos, la autoridad más alta en las sedes de este tipo de eventos, es risible, todos saben que en Cuba las amonestaciones públicas son el paño tibio que se usa para perdonar el mal desempeño de funcionarios estatales.

De todos modos, por cuestión de antecedentes y compromisos, el escarmiento no podía ir mucho más allá. Hurgando en tiempos pretéritos encontraremos que varios consagrados de nuestro  béisbol, ya sean jugadores o directivos de equipos, muchos de ellos ligados al Partido Comunista de Cuba y su línea ideológica, han incurrido en manifestaciones violentas dentro y fuera de los campos de juego.

Como botón de muestra está el caso del antesalista del Isla de la juventud Michel Enríquez, agresor de un árbitro al que golpeó con un bate y luego de cumplir una sanción de un año de prisión domiciliar, regresó a las SNB y a la selección nacional con méritos suficientes como para recibir la confianza, en 2013, de ser el primer jugador cubano en activo de firmar para el profesionalismo.

También saltan a la memoria los jugadores Carlos Tabares del equipo capitalino Industriales, quien en la temporada 2009-2010, durante una trifulca contra Santis Espíritus, golpeó con un casco de protección a un jugador rival dejándolo inconsciente sin recibir sanción alguna. Otro caso fue el del máscara espirituano Eriel Sánchez, quien pegó con su careta de protección en la cabeza del inicialista retirado de los equipos capitalinos Antonio Scull, en la campaña 2001-2002, hecho que también quedó impune.

Las agresiones verbales de directores de equipos hacia los cuerpos de arbitraje cada vez son más comunes y pasan sin mayor trascendencia. El director del equipo Matanzas y la selección nacional cubana, el exjugador villaclareño Víctor Mesa, recurre a esta práctica de manera constante para expresar insatisfacción con las decisiones arbitrales y aún no se le pone coto a su actitud.

Como un reflejo de la sociedad socialista cubana actual, otros pasajes violentos, lo menos abordados, tienen asiento en las instalaciones deportivas. El consumo de bebidas alcohólicas en los estadios y el enfrentamiento de aficionados, son hábitos ejercitados a la vista de las autoridades del orden público y que generalmente culminan en enfrentamientos que crean un ambiente de inseguridad para los asistentes a los eventos.

Erradicar la violencia en el deporte, cuando las autoridades no son capaces de involucrarse y marcar las líneas que definen el contexto disciplinario, es una tarea tan complicada como ponerle el cascabel al gato o, con los ojos vendados, ponerle la cola al burro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escribir un comentario

XHTML: Ud.puede utilizar los siguientes tags html: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>