Publicado: Mar, 22 Abr, 2014

Béisbol cubano: ecos y perspectivas

Estadio Latinoamericano La Habana. Cayó el telón de la Serie número 53 de la pelota criolla, competitiva como pocas, aunque excelsa en errores al igual que todas las ediciones del nuevo siglo. Los cruces de play off dieron cuenta de ello, con partidos cerrados decididos casi siempre en postrimerías, pero llenos de anotaciones regaladas por fallas mecánicas de los jugadores sobre la grama y reiterados desaciertos de los cuerpos de dirección.

Dos temporadas transcurrieron ya bajo una estructura adoptada de manera intempestiva con el propósito de oxigenar indicadores de calidad en caída. No obstante la nueva medicina, la salud del deporte nacional de la isla no manifiesta mejoras inmediatas y se entrevé que ocurra a mediano plazo.

La batalla por el título entre los mejores cuatro equipos del torneo lució a esplendor, deficiencias que de tanto repetirse parecen institucionalizadas. Los deslices en el desempeño técnico-táctico, también conocido como “oficio”, caracterizaron el cierre de temporada e influyeron en los resultados finales.

Mirando desde afuera, el manejo del pitcheo estuvo expuesto a decisiones erradas que contradicen los preceptos del béisbol moderno establecidos a nivel mundial. Lanzadores que cumplieron con un rol específico a lo largo del calendario regular, fueron llamados a trabajar en funciones no acostumbradas en momentos donde los partidos demandaban el especialista preciso que cortase una rebelión o preservase el triunfo. Asimismo, se convocó a figuras noveles sin resultados previos a relevar en situaciones críticas teniendo a especialistas de cabecera en el bullpen.

En ese sentido, el manager subtitular de la Serie con los Cocodrilos de Matanzas, Víctor Mesa, abusó de la utilización de lanzadores al más puro estilo asiático de los años 80, imponiendo un nuevo record de más pitcher empleados en un encuentro con doce.

En contra de las normas tácticas adoptadas por el béisbol de alto nivel, en varias ocasiones Mesa se apresuró en extraer del montículo a su abridor, habitualmente antes del quinto episodio con el desafío aún cerrado, para depender de un cuerpo de relevistas joven, sin glorias y poco talento, que en la etapa clasificatoria sorteó dificultades gracias a la providencia divina.

De manera general se evidenció que hoy día son los bullpen el área más debilitada del béisbol cubano. Salvo algunos atletas, la mayoría de los “apaga fuegos” carecen de control sobre la zona de estrike, repertorio y velocidad, dotes importantes e imprescindibles para la función. Por esta causa más del 50 por ciento de los “choques” de toda la campaña encontraron decisión en el último tercio de juego. En post temporada significó una grieta que posibilitó increíbles remontadas de equipos en clara desventaja.

A la falta de especialización en la ofensiva, atrajo nuevamente la crítica y preocupación de conocedores y especialistas. La mayoría de las alineaciones se vieron desprovistas de armonía en la conjugación de velocidad, tacto y fuerza, incluso novenas implicadas en la etapa de play off se enredaron en la concepción de un line up ideal. Pasadas varias temporadas, todavía se le exige vanamente a los bateadores criollos dominar el toque de bola como un elemento básico de la ofensiva.

En otros órdenes destacaron las fatídicas actuaciones arbitrales, quienes en la post temporada dejaron una huella de imprecisiones en cada uno de los partidos cuando se trataba de jueces seleccionados, de los mejores del país, para la especial ocasión.

Con ciertas contradicciones en la zona de estrike adoptada entre los diferentes árbitros principales, se presumía que las jugadas de apreciación generarían polémica y no defraudaron. Outs fáciles fueron cantados como safe, y quietos “de calle” sancionados, hasta la interpretación de uno de los incisos de la regla que permite en partidos oficiales la revisión de los videos tomados por las cámaras de televisión, fue “sacada por los pelos” con el visto bueno del comisario técnico del partido. El argumento no existió como inclusive asintió la prensa especializada.

En un aparte, muy positivo el espectáculo recibido y brindado por los espectadores, colmando las instalaciones en apoyo al equipo de sus amores, con iniciativas múltiples y pocas señas de violencia. Una afición que, finalizada la Serie 53, tendrá que aguardar hasta julio para poder disfrutar del pasatiempo nacional, luego de conocer que la federación de Holanda no invitó a su similar cubana a participar del tradicional torneo interpuertos, a celebrarse en mayo en la ciudad de Rotterdam, y del que Cuba es un sempiterno animador.

En el futuro inmediato, se concluyen detalles para la arrancada en julio de una liga cubana sub. 23, tal como se había anunciado, destinada a desarrollar prospectos en continuación de una estrategia que se propone elevar el techo del béisbol en la isla.

Aunque resta poco tiempo las autoridades deportivas todavía no han ofrecido referencias del novel torneo, del que aun se desconoce estructura, nombre de los equipos y si los cuerpos de dirección serán de la cantera de las Series Nacionales o Provinciales. Algunos rumores de última hora hablan de cambios en la categoría oficial que competirá, reduciéndola hasta el nivel sub. 21, autorizando de la sub. 23 solo a lanzadores y receptores por considerarse las posiciones de más lento desarrollo y donde la primera categoría aparece más afectada.

En la arena internacional, el calendario de la selección nacional de mayores este año contará de poca actividad. En el propio mes de julio se espera la continuidad del tope bilateral Cuba-EUA, en suelo patrio. A la confrontación los norteños asisten con seleccionados universitarios y desde su reinicio en 2012, han obtenido 7 éxitos y 3 fracasos.

Luego de los chicos del Tío Sam, habrá un descanso de más de 60 días hasta el inicio de los Juegos Centroamericanos de Veracruz, México, el evento del año para los criollos, que buscarán deshacerse del San Benito y traer un trofeo internacional a casa, una tarea esquiva en los últimos años, aunque Veracruz se antoja asequible por el nivel de los contendientes a rivalizar, tomando en consideración que las potencias del área a estos certámenes nunca envían sus mejores escuadras.

Premiando el esfuerzo, obviando el resultado, de ante mano se dio a conocer que Víctor Mesa repetirá al mando de la selección nacional hasta completar un ciclo que debe concluir en 2017, después de la celebración del IV Clásico Mundial de Béisbol.

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