Publicado: Mar, 8 Abr, 2014

Con los muertos no se juega

Exhumación Santa Fe, La Habana. Nunca me ha gustado el asunto ese de tratar con los muertos. Tan morboso es el tradicional acto católico de la exhumación, como escudriñar cadáveres. Siempre me ha parecido una cuestión de muy mal gusto el hecho de que algunas personas tengan entre sus preferencias, la inclinación a curiosear personas fallecidas, aunque respeto a los profesionales de los servicios necrológicos.

Pero como los seres humanos insisten en buscar explicaciones en ese “más allá” del cual nada sabemos, eso fue lo que le ocurrió al difunto presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías. Tan hijo heredero se sintió del Libertador Simón Bolívar que ordenó abrir su sarcófago el 16 de julio de 2010, con el pretexto de investigar si había sido asesinado, cuando quizás lo que quería era preguntarle si él iba bien en su mandato presidencial, escuchar de la ultratumba algún consejo del aguerrido libertador.

Lo que ocurrió a continuación era de esperar: se despetroncaron santeros y chamanes cubanos radicados en Miami y en otras partes del mundo, prestigiosos parasicólogos de Caracas, gurús de la India, y predijeron no sólo la muerte de Chávez, sino la de numerosos chavistas de la nomenclatura bolivariana.

Todos ellos vieron la muerte de Hugo Chávez como un castigo por profanar la tumba de Bolívar, querer entrar por su cuenta y riesgo en comunicación con los espíritus de la naturaleza y establecer un diálogo necrofílico con Bolívar.

Pero, ¿es que acaso estamos ante un hecho insólito, el cual muchos racionales dudan y critican?

Si analizamos la megalomanía que padecen aquellos que pretenden mantenerse en el poder, un mal estudiado por especialistas desde los tiempos más remotos, entenderíamos no sólo a Chávez, sino al resto de todos estos megalomaníacos que han transitado y aún transitan por la vida, famosos por sus delirios de grandeza, poder, riqueza y omnipotencia, como emperadores, monarcas y groseros dictadores.

Tan sobrenaturales e inmortales se sienten estos de hoy, que una muerte natural que le ocurra a alguno de ellos, no es admisible, ni posible.

Chávez abrió el sarcófago de Bolívar porque no podía aceptar que hubiera muerto de muerte natural. Estaba seguro de que había sido asesinado por un enemigo que él debía de descubrir. Así mismo piensa Nicolás Maduro, sucesor de la dinastía chavista, cuando le preguntaron sobre un posible asesinato a Hugo Chávez y no una muerte natural por cáncer, como ocurre a millones de mortales en esta tierra.

“Algún día se sabrá la verdad de su muerte”, respondió Maduro al cineasta Oliver Stone, un fuerte admirador de dictadores.

Y lo mismo ocurrirá con Fidel Castro –que Dios nos ampare-, quien ha llegado vivo a pesar de “cientos de atentados” que han preparado contra él.

Cuando muera, no creo que digan que murió de viejo. Cargará con la culpa alguno de los cien escoltas con que cuenta en el histórico reparto Bilmore -el que perteneció a la gran aristocracia habanera del siglo XX y que ahora es sólo suyo-, o algún furtivo visitante de los que recibe ante su butaca de ruedas giratorias: una fruta pasada de tiempo que le trajeron a la elegante mansión, una fumigación fuera de fecha, un adorno envenenado para la sala cargada de adornos, o una simple mirada de odio que alguien le lanzó y que Fidel, de tan viejo que es, no se dio ni cuenta.

Pero segura estoy de que por viejo, no se dirá que al fin estiró la pata el heroico, el omnímodo, el todopoderoso, el dictador de los cubanos que hoy reciben salarios miserables y que roban a cuatro manos porque nadie puede alimentarse de una libreta de racionamiento obsoleta.

Aunque por lo general si los muertos hablaran les pedirían a los vivos que los dejen morir en paz, no creo que Fidel Castro vaya a ser uno de esos muertos. Por el contrario, querrá ser inmortal, querrá seguir siendo el Comandante Invicto hasta después de muerto. Y desde el más allá, porque poder seguirá teniendo, ordenará que se organicen multitudes asalariadas a su gobierno para que vayan caminando hasta Birán, en las provincias orientales, donde terminará convertido en polvo, según ya está programado por su hermano, el sucesor.

 

 

 

 

 

 

 

Displaying 1 Comments
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  1. san dice:

    quien pudiera creer en ud. q critica una práctica tan ancestral y solo lo hace a quien ud odia. si fuera tan imparcial criticaría también con la misma fuerza y energía a gobiernos q segundos,días, meses y años estan masacrando con bombas, destrucción y muerte a niños, mujeres y ancianos en pleno siglo xxi, si para ud los q tienen el valor de oponerse a ese poder y no la coberdía sumisa de callarlo, para mi bienvenidos son

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