Publicado: Mar, 15 Abr, 2014

La fábrica de tabacos

Tabaco Guantanamera La Habana. En el siglo XIX, a la par de la azucarera, la industria tabacalera constituyó una de las más grandes actividades económicas en Cuba. Mas, a diferencia del ingenio, la fábrica de tabaco fue un establecimiento de carácter urbano y sus mayores instalaciones se localizaron en La Habana.

La primera fábrica de cigarros habanera fue La Honradez, creada por Luis Susini en 1853. Hacia el año 1870 contaba con su propio taller de tipografía y litografía y grabado electromagnético. Imprimían la madera, diseñando envolturas y etiquetas. Realizaban su propia campaña publicitaria a través de circulares, prospectos, volantes y anuncios en la prensa periódica.

Muchos de los propietarios de estos talleres llegaron a convertirse en grandes industriales, dueños de las famosas marcas del tabaco que invadía el mercado interno y mundial. De esta época datan notables sellos de calidad como Cabañas, H. Upmann, Larrañaga, La Corona, Partagás, Romeo y Julieta, La Africana, La Meridiana, La Diligencia, y cigarros como La Honradez.

El elaborado producto comenzó a destacarse en Londres en 1855 y se extendió desde Europa, pasando por Estados Unidos y llegando hasta Australia y Asia. La segunda mitad del siglo XIX le proporcionó a la isla una publicidad inigualable con la calidad lograda y galardonada en exposiciones internacionales. Se cuenta que el propio Emperador Napoleón III fue obsequiado con veinte mil habanos, envasados en cajas de cedro con incrustaciones de maderas valiosas y con la “N” imperial en los anillos.

Para el año 1862 ya eran conocidas 149 tabaquerías o fábricas de marcas. El resto eran pequeños talleres.Desde los mismos inicios, sus propietarios estructuraron los locales adaptando la actividad manufacturera dentro de la casa urbana de dos plantas. De esta manera, la floreciente industria pretendía reproducir las ventajas que la edificación ya le había ofrecido a la esfera comercial. Pero lo cierto es que desde el mismo principio la arquitectura de la industria del tabaco estuvo en estrecha confrontación con ese tipo de distribución de las viviendas, sobre todo cuando su organización se tornó más compleja.

Por supuesto, no todo fue simple asimilación y ampliación en esta industria. En la ciudadse caracterizó por una marcada y pretenciosa proyección expresiva en su arquitectura, nadaacorde con la idea tradicional de las construcciones fabriles.

Los edificios más destacados, construidos expresamente para fábricas, emplearon en muchas ocasiones la columna de hierro fundido. Esta modalidad de sostén de los techos proporcionaba mayor luz, así comoamplitud y desahogo a los salones de trabajo. De esta manera se eliminaba el inoportuno obstáculo de los gruesos pilares, arcadas y muros divisorios de mampostería.

Por primera vez en la arquitectura cubana, la nueva fábrica introdujo el empleo de las escaleras de caracol en hierro fundido, las que luego se extendieron a otras tipos de construcciones. La innovación rompió con el secular predominio de la escalera principal de mármol, propia de la vivienda citadina. Su original aporte se completó en las fachadas de estas edificaciones con típicos acabados, losque iban desde un tratamiento ornamental hasta propuestas más académicas. A partir de este momento la industria comenzó a equipararse a cualquier edificio, vivienda o palacete de la época.

Este refinamiento, poco común en edificios de función industrial, no se limitó a la fachada sino que se extendió a su interior. Techos de estuco, elaborados al estilo neobarroco, artísticas lucetas de colores, puertas de madera talladas, rejas de hierro forjado en elaborados arabescos, pisos de mármol.

Las grandes manufacturas del tabaco se mantuvieron dentro del cuerpo de la ciudad, sin mudar sus instalaciones a barrios periféricos. Por el contrario, trataron de situarse siempre en los sitios mejor localizados de la urbe, poblados y concurridos, como las anchas calzadas de Monte, Galiano, Belascoaín, Reina, los paseos del Prado y Carlos III. Los valiosos solares de las demolidas murallas fueron algunos de los espacios preferidos por los empresarios de estas factorías citadinas.

Entre otros lujosos edificios del tabaco en esta etapa se encontraban el de la marca LaExcepción, LaMeridiana, yentre las calles Gloria y Misión la fábrica Partagás, de Calixto López. Las manufacturas más importantes de La Habana fueron vecinas de los teatros y paseos, de las viviendas y los mejores hoteles de la ciudad, una configuración urbana que, aun con la incorporación de nuevas marcas, se mantuvo a lo largo de la etapa republicana.

Actualmente la mayoría de las majestuosas edificaciones del tabaco no existen en la ciudad. Por su parte, se han extendido por todo el país construcciones poco afortunadas y faltas del sello distinguible que cualifica al tabaco nacional. Aunque algunas marcas tradicionales se han mantenido, como Montecristo, Larrañaga, Partagás, Romeo y Julieta, Habanos, Cohiba, Hoyo Monterrey, H. Upmann, etc.,elancestral mercado interno resulta altamente costoso y por tanto, prácticamente inexistente. Como los abandonados edificios, solo nos queda en el recuerdo el aromático humo de un buen tabaco cubano.

 

 

 

 

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