Publicado: Mar, 29 Abr, 2014

Los dimes y diretes de la unificación monetaria en Cuba

Inflación La Habana. El Estado cubano posee el mayor monopolio del trabajo de la isla, con unos 4, 5 millones de trabajadores. El trabajo privado oficial apenas llega al 15 o 20 % de esa cifra (1). Si calculamos a groso modo un salario promedio mensual en $300.00 pesos, esto obliga al Estado en ese mismo período a sacarle sus bancos y poner en circulación unos 1500-1700 millones de pesos en irrisorios salarios.

Si a eso le sumamos otros 800-900 millones en magras pensiones de Seguridad Social por concepto de retiro laboral y de ayuda a desamparados (2), y además el cambio a pesos de alrededor un veintésimo mensual de los cerca de 2000 millones anuales que llegan de remesas, tendremos que cada mes el Estado se ve obligado a poner en circulación alrededor de 2, 5 – 3, 0 miles de millones en pesos en una economía de consumo muy precario. Calculando a $300.00 por cada habitante, incluidos recién nacidos y deshabilitados, probablemente ronde por unos 30 mil millones de pesos.

El dilema de esta obligatoria movida de emisión monetaria emerge al concluir cada mes. Dentro de ese apretado marco de tiempo el ciclo de retorno es contaminado y a las arcas estatales sólo vuelven unos 2, 1- 2, 5 miles de millones. La diferencia, entre 300 y 600 millones, queda dando vueltas en los tejemanejes de oferta y demanda del mercado negro.

Pero llega el siguiente mes y hay que volver a pagar y poner en circulación la misma cantidad de 2, 5- 3, 0 miles de millones al mismo número de empleados en la nómina del Estado, el desproporcionado número de pensionados por ancianidad y deshabilitados sociales y beneficiarios de las remesas en moneda convertible del mes anterior. ¡Mas falta masa monetaria para cubrir el cupo mensual! ¡Hay que imprimir y cubrir la diferencia!

Imprimir dinero es muy costoso. Pero eso es lo de menos para el Estado frente al hecho de que al arribar el tercer mes, todavía no ha retornado a sus bancos buena parte de lo que se ha ido quedando en el mercado negro el primer y segundo mes… ¡y ahora hay que volver a poner en circulación ese mismo volumen de masa monetaria!

Es un diabólico sofisma, y el cuento de nunca acabar. Finalmente, al cerrar el año, hubo de emitirse miles de millones que no tenían respaldo ni en bienes ni en servicios cobrados por el Estado. Es decir, que en una economía muy pobre en consumo, que debería girar sus finanzas con alrededor de 30 mil millones mensuales, al año concluye teniendo en tránsito el doble, o probablemente peor, el triple de su volumen original, teniendo en cuenta los precios en la calle, y con una parte cada vez más significativa engrosando arcas clandestinas en el circuito del mercado negro, sin control y sin retorno bancario.

Este acumulamiento incontrolable consolida una economía clandestina y nutre la inflación, es decir, una creciente masa de dinero que entra más rápido en la circulación mercancía- dinero- mercancía que el magro e insuficiente crecimiento económico que pueda hacer efectivo el Estado, o el que le puedan aportar sus malabarismos contables.

Entonces, con el fenómeno a todas luces ingobernable de una masa monetaria siempre creciente, y el peligro de que en cualquier momento produzca un acelerado proceso inflacionario incontenible y caótico, tanto en pesos como en CUC, y en consecuencia un desestimulo mayor a la ya escasa oferta en bienes y servicios, ¿qué podemos esperar de la tan anunciada reforma monetaria?

Pues lo más probable es que el Estado aproveche la ocasión y liquide la deuda pública, que es esa cantidad de excesivos millones sin respaldo que le vuelven o no a las arcas, y siempre circulando en una masa cada vez más creciente. Y creíblemente tenga en planes hacerlo de la manera que puso en práctica a principios de los años sesenta: emitiendo sorpresivamente una nueva moneda. Con esto liquidó casi un tercio de la masa monetaria de entonces, unos 600 millones de pesos.

Con una lluvia de “beneficios para el pueblo” (reducción abrumadora de los alquileres, gratuidades de servicios, etc.), creó una falsa sensación de pujanza económica en la población, ganándose su voluntad, y de paso empobreció de un tajo a la clase alta y media que aún había en el país. Otras prácticas recientes de países con una estructura de gobierno autoritaria, como por ejemplo Angola, han puesto en práctica este drástico método de reducción de la masa monetaria que ellos mismos han insuflado en la economía nacional, asolando de un golpe a todos los que habían acumulado ingentes cantidades de dinero fuera del control estatal.

Notas:

Se refiere al trabajador de un oficio o empleo de servicio que no lo está ejerciendo en el cimarronaje o en empleos no autorizados por la ley, y por supuesto, sin pagar impuestos. Este fenómeno laboral se destaca por el hecho de que cada vez más trabajadores privados entregan sus licencias, agotados por los impuestos y la sevicia y corrupción de los inspectores estatales, y se suman a esta fuerza laboral clandestina.

Esto ha incidido en que la masa de laborantes con licencia de privados no aumente más allá del medio millón de trabajadores que creció en el primer año que se autorizó el empleo privado en Cuba.

Los pensionados constituyen ya una masa considerable de más de 2 millones en una población total de 11.1 millones, y con tendencia a decrecer por la disminución de nacimientos y el aumento de la emigración.

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