Publicado: Mar, 15 Abr, 2014

¿Olvidados?

El pensamiento alternativo La Habana. Cada vez es más evidente el desinterés internacional por la oposición cubana. Salvo en muy contados círculos, los grupos que abogan por el pluralismo político y el libre ejercicio de las libertades fundamentales dentro de la Isla, no encuentran los ecos necesarios para sensibilizar a la opinión pública.

Es raro que un intelectual o artista de renombre abogue por el drama de los presos políticos, por las palizas que reciben las Damas de Blanco en sus intentos de protestar pacíficamente por las calles, por los cientos de detenciones mensuales ni por las decenas de actos vandálicos contra los inmuebles de los activistas.

Es cierto que ha habido algunos gestos solidarios, pero su falta de articulación y sistematicidad provocan que el régimen siga contando con holgados márgenes de impunidad en el ejercicio de sus tropelías.

Uno de los motivos para comprender el porqué de la apatía, radica en la discretísima participación ciudadana en cada una de las convocatorias de las agrupaciones prodemocráticas.

En Cuba no hay protestas masivas. Los actos de desobediencia civil, aparte de ser esporádicos, son protagonizados por un puñado de personas. Que uno de esos eventos cuente con la presencia de más de 20 personas es un milagro.

La reticencia del pueblo a enrolarse en estos episodios, se explica a partir de la eficacia en los procedimientos que aplica la policía política.

Teléfonos permanentemente pinchados, vigilancia personalizada a cargo de personas afines al gobierno, juicios sumarios y actos de repudio, establecen las pautas para hacer creer que la mayoría de la población acepta el orden establecido. Con el paso del tiempo, de la pasividad se transita a la resignación y viceversa.

Hay que tener claro que sin conmociones sociales de envergadura no hay titulares en la gran prensa, ni revuelos en el ciberespacio que sirvan para acabar con la fatal sucesión de acomodos con el partido comunista e indiferencias hacia quienes luchan por la implantación de una democracia.

Por estos días el afamado actor estadounidense Kevin Spacey salió en defensa de los estudiantes venezolanos que permanecen en las calles repudiando al chavismo.

Sus llamados a apoyar las protestas contra Nicolás Maduro en su página web han sido de máxima utilidad para mantener la situación bajo el escrutinio de la comunidad internacional.

Es casi seguro que otras personas de su entorno respalden la actuación de los jóvenes, que pese a las consecuencias, insisten en evitar que se consolide en el país sudamericano otra dictadura similar a la cubana.

Ya Jared Leto, ganador del Oscar este año como actor de reparto en el filme Dallas Buyers Club, defendió en público el desempeño de la juventud venezolana frente a las tropas gubernamentales, lo hizo para mayor connotación, el mismo día en que recibió la estatuilla dorada.

En Cuba no tenemos esa suerte. Aunque aparente, hay calma. La sociedad calla y se amolda a las circunstancias. La gente sobrevive como puede.

No creo que ni Spacey ni Leto sepan los pormenores de la represión en Cuba. Sin manifestaciones masivas y muertos incluidos, son escasas las posibilidades de ampliar los límites de la solidaridad.

En la Isla casi todas las personas independientemente de su edad, sexo, raza y religión quieren un cambio de sistema. El asunto es decidirse a hacer la petición a viva voz y en el lugar que sea.

Una postura demasiado exigente ante el poder del miedo.

oliverajorge75@yahoo.com

 

 

 

 

 

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