Publicado: Mar, 22 Abr, 2014

Perseguidos: ¿Por los premios?

Puertas a la imaginación La Habana. De acuerdo con lo publicado en desdeestaventana.blogspot.com por Luís Leonel León, bajo el título “Nueva narrativa cubana: una antología de literatura emergente”, por primera vez escritores cubanos marginados se publican fuera de la Isla, algo que se haya muy lejos de la realidad.

Según  esta entrevista realizada a Orlando Luís Pardo, escritor, fotógrafo y editor de “Año cero” (impreso por Sampsonia Way Magazine –City of Asylum/Pittsburgh), la antología es atípica por dos razones: autores no oficialistas que residen en su país y cuentos que el lector cubano no conoce.

Asimismo, agrega que la mayoría han visto sus obras mutiladas, o como su editor, están perennemente censurados por sus actividades disidentes. “Otros se autocensuran y no pierden el tiempo de entregarlas a editoriales nacionales, pues los límites de la tolerancia oficial son estrechos y macabros”.

Sin embargo,  Pardo Lazo fue ganador del Premio  La Gaceta de Cuba por su cuento Cuban American Beauty (2005) y obtuvo la Beca de Creación Onelio Jorge Cardoso por Lugar llamado Lili (2006). Además, fue antologado en La ínsula fabulante, “El cuento cubano en la revolución” (1959-2008).

En cuanto a lo de oficialistas o no de quienes son mayoría en Año cero, está por ver, pues si acudimos a los currículos de los más conocidos en la antología de marras, estos demuestran que gozan del reconocimiento oficial,  que sus obras se publican dentro de la Isla, y si están perseguidos, es por los premios.

Con dos ejemplos basta. Jorge Enrique Lage (La Habana, 1979), es el jefe de redacción de la revista El cuentero y editor del sello Cajachina del Centro Onelio Jorge Cardoso, institución oficial. Ha sido jurado del Premio Alejo Carpentier, entre otros, y ganador de diversos concursos a nivel nacional.

Su obra es muy publicada en Cuba, y abarca el cuento: Yo fui un ladrón adolescente de tumbas (2004), Los ojos de fuego verde (2005), El color de la sangre diluida (2007), Vultureffect (2011), y la novela Carbono 14 (2010).

Fue antologado en La ínsula fabulante y en Como raíles de punta (2013).

Otro de los antologados en  “Año cero”, Amhel Echevarría (La Habana, 1974) goza de igual suerte con editoriales oficialistas. Miembro de la UNEAC, ha publicado los libros de cuentos Esquirlas (2006), e Inventario (2007), y las novelas La Noria, Premio Ítalo Calvino (2012), y Como búfalo ciego al matadero, Premio Novela José Soler Puig (2013), entre otros galardones.

Es decir, que pese a “no ser oficialistas” son bastante publicados en Cuba, a diferencia de otros escritores que viven en la isla, han sufrido persecución y cárcel, nunca se les ha permitido siquiera visitar una editorial, y sus cuentos, poemas y ensayos se publican en el exterior a partir del Concurso El Heraldo.

Convocado en el año 1999 por el Proyecto de Bibliotecas Independientes de Cuba (PBIC), “El Heraldo es un concurso libre para hombres libres, donde no se premia la fidelidad a una ideología. Se busca la fidelidad al arte verdadero”, según señaló en la introducción a la primera edición el poeta Raúl Rivero.

“La propuesta tiene la intención de llegar a los escritores y artistas que viven y trabajan precisamente en las márgenes de la sociedad cubana que, ciega y sorda, por su barullo propagandístico y cerrado, encampanada en sus dogmas, sólo tiene atenciones para sus mucamas literarias”, añadió el poeta.

Entre los méritos del concurso El Heraldo, se encuentra la divulgación de muchos escritores y artistas cubanos que fueron a la cárcel, salieron al exilio, o aún viven aquí enfrentados a la censura por ejercer el acto de creación a contrapelo del orden oficial exigido por las instituciones culturales del país.

Antologías como Ojos Abiertos (Voces nuevas de la literatura cubana, impreso en México, 2003), Voces de cambio,  Nueva Literatura Cubana (Ediciones El Cambio, Miami 2006), y Puertas a la imaginación (Ediciones El Cambio, Miami, 2011), dan fe de la creación al margen del dictado oficial.

Ilustradas con obras de artistas cubanos exiliados como Rubén Torres Llorca, José Bedia, Arturo Cuenca y Elizabeth Cerejido, que ponen su prestigio en función de una literatura al margen del edicto para la cultura oficial: “Dentro de la revolución, todo; contra la revolución, nada”, las tres antologías nos muestran que antes de Año Cero, se hacía literatura alternativa en el país.

A través del ensayo, la novela, el cuento, la poesía y el testimonio,  El Heraldo premió y dio a conocer en Cuba y el exterior a escritores como Jorge Olivera Castillo, Adela Soto, Juan González Febles, Ricardo Gonzáles, Luís Cino, Odelín Alfonso, y otros que un día serán referentes en la literatura nacional.

No obstante, bienvenida a los lectores cubanos la publicación de  Año Cero, pero sin dejar de reconocer que,  Ojos Abiertos, Voces de Cambio y Puertas a la imaginación, están ahí, como antecedentes de autores censurados y sólo comprometidos con la literatura que se hace desde la libertad individual.

vicmadomingues55@gmail.com

 

 

 

 

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