Publicado: Mar, 8 Abr, 2014

Revistas culturales en la república

Teatro La Caridad EN 1899baja5La Habana. A partir del advenimiento de la República en 1902 comenzaron a prosperar no pocas publicaciones periódicas. Estas revistas ilustradas, como se conocían en aquel entonces, establecieron un patrón editorial. Reservaban cierto número de páginas a la colaboración literaria, y el resto se dedicaba a la información gráfica, en ocasiones con despliegue fotográfico de importantes actos sociales. Aun así, el interés por temas exclusivamente culturales fue en aumento y provocó la posterior separación entre revistas de variedades y revistas culturales.

Las revistas culturales no sólo se especializaban en la nota informativa sobre acontecimientos ilustrativos. Con el nuevo siglo, también que se dieron a la tarea de mantener al público lector actualizado respecto a las nuevas corrientes artísticas y de pensamiento, estudios sociales, polémicas culturales y crítica de arte.

Algunas de las revistas de música, teatro, artes visuales, pensamiento o referidas a todas las manifestaciones artísticas a través de secciones, estaban vinculadas o financiadas por grupos de intelectuales como el Grupo Minorista, Orígenes, Ciclón;  asociaciones culturales tales como Pro Arte Musical, Patronato del Teatro, Sociedad Cultural Nuestro Tiempo-; o instituciones estatales de la talla de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, la Dirección de Cultura y el Instituto Nacional de Cultura.

Entre las revistas de este periodo se encontraba El Fígaro (1888–1933), un puente entre dos siglos. A mediados de la segunda década se autotitula órgano de la intelectualidad latinoamericana, siendo una de las revistas culturales de mayor circulación en Cuba y Latinoamérica. Entre los aspectos más interesantes de esta publicación estaba el sistema de la ilustración, ajeno al ejercicio académico y acorde con los presupuestos vanguardistas que paulatinamente influirían en la isla.

En sus páginas, al igual que en Social (1916–1933),  colaboraron figuras como Rafael Blanco, Jaime Valls y Conrado Massaguer, entre otros precursores del arte moderno en el país. Social no sólo apoyó la renovación plástica sino que mantuvo una práctica periodística constante. De espíritu polémico, reseñó acontecimientos de relevancia cultural, rompió con el precedente modo de hacer periodístico, además de estar avalada por importantes firmas de escritores nacionales y extranjeros.

En esta línea de trabajo también se situaba Azul y Rojo (1902-1904); Letras (1905); Gráfico (1913); Bellas Artes (1918, luego Gaceta de Bellas Artes en 1924); Orto (1920, en Manzanillo)  y la  más trascendental publicación de la primera generación de intelectuales de la república: la revista Cuba Contemporánea (19131927), de la Sociedad de Conferencias.

La publicación se convirtió en vocera de una promoción comprometida con la reorientación nacionalista de un proyecto burgués de nación. Su consejo de redacción estuvo conformado por  personalidades de renombre en la cultura cubana como José Antonio Ramos, Fernando Ortiz, José María Chacón y Calvo, Francisco González del Valle, Bernardo Barros y otros ilustres.

La segunda generación republicana contó con una revista igualmente significativa: Revista de Avance (1927-1930). Esta publicación aportó nuevos derroteros en ideas y  estética. La revista representaba a un grupo que concebía a la cultura cubana como un espacio compensatorio dentro de la crisis social de la década del treinta. Era un proyecto ávido de cambio y novedad, y dispuesto a incorporarse en la vanguardia artística y literaria internacional. Entre muchos célebres, contribuyeron en sus páginas Jorge Mañach, Félix Lizaso, Eduardo Abela, Armando Maribona y Antonio Gattorno.

En esta época nacen revistas como Alma Cubana y Teatro, ambas asociadas al mundo teatral-; Revista de Oriente (1928-1932); Antenas. Revista del Tiempo Nuevo (1928-1929, en Camagüey);  Proa. Mensuario de Avance (del grupo Proa, en Artemisa); revista Hatuey (1927-1928), órgano del Sindicato de Trabajadores Intelectuales y Artistas de Cuba; Pro Arte Musical (1923-1958) -una de las revistas culturales de más larga duración durante la República; Segur (1934, asociada al grupo Ariel, en Cienfuegos); Verbum (1937)–precursora de la revista Orígenes.

La cuarta década republicana abre el camino a nuevas propuestas culturales y estéticas, determinado sobre todo por el reconocimiento del papel de la cultura dentro de la sociedad cubana. En esta etapa se destaca la revista Mensuario de arte, literatura, historia  y crítica (1949-1951), adscrita a la Dirección de Cultura (1934-1955) del Ministerio de Educación. Además, esta Dirección promovió otras iniciativas en pos de la prensa cubana, como la colección Grandes Periodistas Cubanos.

Mensuario… publicaba sobre diversas temáticas y su misión esencial era la promoción cultural, participando Emeterio Santovenia, Medardo Vitier, Fernando Ortiz y otras destacadas plumas. Las Revista Cubana de Filosofía (1946) y Revista de Etnología y Arqueología (1937), también estaban asociadas a este órgano estatal. La Dirección de Cultura pasó a llamarse Instituto Nacional de Cultura a partir de 1955 y su órgano oficial fue la revista del mismo nombre.

Entre otras revistas culturales del periodo se encontraban  Espuela de Plata (1939-1941), Nadie Parecía (1942-1943) y Orígenes (1944-1956), nucleadas alrededor de la figura de José Lezama Lima y colaboradores asociados al grupo de los trascendentalistas. La revista Orígenes se caracterizó por una nueva sensibilidad dentro de la literatura y un acercamiento singular hacia los problemas cubanos. No cabe duda de que en materia de revistas culturales representaba a la tercera generación de intelectuales republicanos.

Publicaron en ella Virgilio Piñera, quién funda la revista Poeta en 1943, en tanto Gastón Baquero inauguraba las revistas Clarileño y Grafos. También colaboran Cintio Vitier,  Fina García Marruz,  José Rodríguez Feo, quién fundara la importante revista Ciclón (1955). Otros  colaboradores son Lydia Cabrera, Alejo Carpentier, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Paul Valéry,  y entre los  ilustradores Eduardo Abela, Amelia Peláez; Luis Martínez Pedro, Fayad Jamis, Wifredo Lam, entre otras personalidades de renombre.

Algunas de estas revistas tuvieron una vida efímera, mientras otras que existían desde la etapa colonial renacieron o se consolidaron. Desde el siglo XIX, la mayor parte de las publicaciones, tanto revistas como periódicos, permanecieron en el terreno de la información y la crónica social. Sin embargo, algunas se destacaron por poner énfasis en temas culturales, sobre todo la crítica artística y literaria. Durante más de medio siglo, entre todas mantuvieron la movilidad de la cultura cubana, y  esto en sí mismo es el gran acierto de las revistas culturales en la República.

 

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