Publicado: Mar, 20 May, 2014

“Marzo de 1968 y marzo de 2003, puentes en el tiempo”

Malecón habanero La Habana. Dos Primaveras Negras parecen dialogar a través del tiempo y la memoria. Dos zarpazos que fueron el resultado de la megalomanía criminal de un dictador y su sequito.

El trece de marzo de 1968, Fidel Castro ordeno la desarticulación del negocio privado. Con ello buscaba enviar un mensaje al poder detrás del trono Soviet-Brezhneviano y de paso apagar las cenizas de la denominada “micro facción” conciliando posiciones con los halcones del PSP que lo habían respaldado poniendo aguas en el asunto.

En 1968 era evidente la inoperancia de la estructura estatal de bienes y servicios en comparación con la dinámica económica autónoma y eficiente de los negocios privados. En su discurso del 13 de Marzo de ese año el cual fue, como se sabe, el pistoletazo de arrancada para acabar con estos negocios, Fidel Castro intento ocultar con una larga enumeración de cifras y estadísticas las verdaderas razones de esta denominada Ofensiva General Revolucionaria.

En los meses finales de 1967 Checoslovaquia, uno de los países integrantes del llamado eje soviético, vivió un periodo de insubordinación popular contra le estructura de poder despótico encabezado por Antonin Novodni. Como resultado, fueron elegidos Alexander Duvcheck como Secretario General del Partido y Ludwig Slovoda como Presidente del país. De inmediato comenzó un proceso de democratización que abarco a toda la sociedad checa.

En Febrero de 1968 se decretó la libertad de expresión y prensa, se autorizó una nueva ley migratoria y se estimularon reformas dentro de la economía dirigidas a estimular el negocio privado y mecanismos de economía de mercado. Este proceso es recordado por la historia como “La primavera de Praga”. El 21 de Agosto de ese año el poder militar ruso ocupo Checoslovaquia y desarticulo al gobierno de ese país con la anuencia del entonces gobernante soviético L. I. Brezhnev.

En Cuba, los negocios privados eran los lugares donde pervivía una clase media venida a menos, que era también una especie de sociedad civil, cuya autonomía económica le permitía tener su propia visión del sistema gobernante. Eran personas que, lógicamente, tenían un punto de vista de tolerancia pero no de incondicional aceptación al régimen. Lo que estaba ocurriendo en Checoslovaquia encendió la luz de alarma en casi todos los países vinculados al eje soviético. Era previsible que la fortaleza ganada en ese país por la sociedad civil, o sea los intelectuales y el sector privado, llevara a una transformación radical del sistema. Esto más allá de lo conveniente a los intereses de los militares del Kremlin. Del mismo modo, Castro vio “las barbas del vecino arder” y encontró una justificación perfecta para aplicar el doble golpe de eliminar a un sector que interfería con sus intenciones de centralizar todo el mercado laboral y además poseía independencia económica y de criterio.

Curiosamente la gradual liquidación de los focos iníciales del negocio privado que, tímidamente resurgieron en 1994, comenzó en 1998, o sea justo tres décadas después de aquella ofensiva. También ese fue el año en que fue decretada la Ley 88, también conocida como Ley Mordaza. Esta Ley dio patente de corso a los órganos represivos para reprimir las voces que se pronunciaban contra el régimen dentro de la isla.

Esa ley, fue la respuesta del dictador a las voces que se atrevieron a desafiarlo, a inicios de ese propio año 1998, durante la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba. En el año 2002 el Proyecto Varela, logro miles de firmas e impactó a la opinión pública tanto dentro como fuera del país. Esta propuesta fue expuesta sobre la base de una clausula legal que permitía presentar un proyecto democratizador y modificatorio a la constitución.

Como respuesta el Castrismo lanzo una ofensiva de descredito que incluyo la recogida obligatoria de firmas. De esta manera impuso como cláusula constitucional la irrevocabilidad del régimen político. Al año siguiente, en Marzo de 2003, la vendetta política contra la emergente sociedad civil independiente que apoyo el proyecto Varela, se hizo patente. Más de setenta opositores políticos fueron encarcelados y condenados a largas penas de prisión. El ciclo de ahogamiento gubernamental, iniciado en 1998, contra el negocio privado, también alcanzó su máxima expresión durante ese año. Como parte de ese ciclo, un descomunal operativo contra las drogas cubrió con un manto de impunidad todo tipo de desmanes.

El nepotismo, que forma parte del código genético del totalitarismo, coloco desde el 2006 a Raúl Castro al frente del país. Como parte del lavado de imagen del régimen, en febrero de 2008, cuarenta años después del inicio de la Primavera de Praga, el gobierno cubano firmo los Pactos de Derechos Políticos y Civiles y de los Derechos Económicos Sociales y Culturales respectivamente. Estos no han sido ratificados. La sociedad civil cubana comienza a unirse y ser más activa y solidaria a pesar de la represión. Los fantasmas de Novodni y Milosevic se pasean por los pasillos del Consejo de Estado. Parecen decirles a los obcecados “históricos” cubanos que el tiempo y la vida son implacables. El pasado no puede convertir en estatua de sal al presente que, inevitablemente, avanza hacia un futuro en democracia.

 

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