Publicado: Mar, 27 May, 2014

Transición real Vs. el espejismo dependiente del fin del embargo

Cambio monumnetal La Habana. En los últimos días se perfila un acalorado debate a favor y en contra del levantamiento del embargo comercial y financiero norteamericano al estado militarizado y hermético que es la Cuba del presente. A ambas orillas del estrecho de la Florida, argumentos completamente adversos parecen racionales y contendores de razones más que suficientes tanto para sostenerlo como para que se produzca un levantamiento de la cincuentenaria medida.

Unos aseguran que eso favorecería el desarrollo de una clase emprendedora que por la vía económica a la larga buscaría los cambios imprescindibles hacia la democracia y el estado de derecho, eso que tanto urge en nuestra depauperada nación como base real hacia el progreso. Y otros afirman, basados en su análisis de una misma dolorosa experiencia, que tal cambio sería sólo un espejismo, y que por el contrario consolidaría a la dictadura monopartidista.

Hay claros ejemplos, como es el caso de China, de que el primer argumento anterior no ocurre necesariamente con mayor libertad económica, y que tampoco ha significado potenciar la libertad creativa y de progreso de toda esa gran nación, con un mayoritario sector poblacional encerrado en una pobreza inmutable y aun reprimida por la intolerancia política del Partido Comunista chino.

Pero tampoco el aislamiento sanitario de un régimen infecto es sinónimo de cura hacia la involución y la represión. Y entre tanto, las fuerzas en el poder continúan gozando de bienestar y hasta de aceptación internacional como un Estado normal.

Mas, de hecho, todo este debate se basa en una premisa inexacta. La necesidad de democracia y modernización de la isla, y los imprescindibles pasos concretos que haya que dar en ese sentido, no pueden estar basados en una decisión gubernamental extranjera. Considerar en serio los pros y contras de ese cambio radical debe ser enfocado sobre bases realistas, de orden interno, y que favorezca la libre expresión de la voluntad popular.

En la comunidad internacional hay diversos casos, bien recientes, de transición indolora hacia la democracia y la libertad. La desaparición del bloque totalitario de Europa Oriental ya cumple un cuarto de siglo. En ninguno de sus países componentes ocurrió una feroz persecución de los antiguos represores comunistas. Sus pueblos aun están demasiado ocupados en reencontrar, siempre dolorosamente, el camino perdido por tantos años hacia la prosperidad y el progreso, basado en la libertad y el respeto a las normas internacionales de los derechos humanos.

Otro caso lo representaron las antiguas dictaduras militares del continente americano. Naciones que sufrieron las más feroces y sostenidas, como Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, República Dominicana y Brasil, supieron trascender el pasado y emprender el camino de la estabilidad y la consolidación del orden civil, mandando a los militares a los cuarteles.

Y hasta hace muy poco, la dictadura militar birmana sojuzgaba brutalmente a su pueblo. A diferencia de su homóloga antillana, por lo menos hasta ahora, la casta militar asiática masacraba por miles a los ciudadanos que se atrevían a protestar por el insoportable estado de cosas que ocurrían en la nación. El país estaba cerrado a cal y canto y sufría tanto de una pobreza creciente y terrible como de represión e intolerancia ante críticas y propuestas de cambios. Al igual que Cuba con Venezuela, la casta militar birmana que llevaba medio siglo en el poder era subvencionada por otra nación extranjera, China. En este panorama cerrado, con la oposición pacífica encerrada en las cárceles y todo el pueblo multiétnico reprimido constantemente y sin contemplaciones, nada indicaba la posibilidad de un cambio radical de la nación.

Sin embargo, como toda dictadura, la birmana no era monolítica e impenetrable. Ciertos sectores dentro de su cuerpo de generales tuvo el buen sentido de entender que se habían agotado los tiempos de sojuzgamiento de la Guerra Fría. Y pactaron con la oposición una transición política a cambio de impunidad y la garantía de que no habría persecución judicial ni de ningún tipo para sus crímenes pasados o para la riqueza ilegal que habían amasado.

La oposición política, tanto del antiguo “Campo socialista” europeo como los que representan al pueblo de Birmania, optaron por esta opción racional de “a enemigo que huye, puente de plata”. Ante la maltrecha nación sufriendo pobreza y miseria por demasiado tiempo, había que dejar atrás el pasado y comenzar a dar urgentes pasos para reemprender el camino de progreso para todos. Eso parecerá injusto e inaceptable para muchos de los que han sufrido, pero hay un momento de responsabilidad nacional en el que hay que considerar seriamente si se aprovecha el momento para ir hacia el futuro o si se va a vivir en el pasado.

Pese a las apariencias que se esfuerza en sostener como fachada, la cúpula del régimen militar cubano tampoco es monolítica. Monótonos ejemplos recientes de “traición” a la doctrina inmovilista del “Parapetamiento en torno a los Castro” (Caso Ochoa y MC, el ideólogo del Buró Político Carlos Aldana, el alto dirigente Luis O. Domínguez, los ex -cancilleres Robaina y Pérez Roque, el vicepresidente Carlos Lage, et al), lo demuestran con mayor o menor fortuna. En esa inquieta estructura hay una gruesa capa de funcionarios, “hombres de negocios” y militares que aspiran, o ya poseen una riqueza propia y desean disfrutarla abiertamente, con garantías legales para ser heredadas por sus descendientes. Es más que seguro que en algún momento no muy lejano en el futuro esas personas serán protagonistas de una transición nacional que les permita nadar y guardar la ropa. Y si lo hacen, a ellos también habrá que brindarles su “puente de plata”.

Ante un posible escenario semejante, ¿alguien con verdadera responsabilidad y deseo de cambio y progreso se opondría a pactar una transición real, pacífica y garantizada, bien alejada de todo este gris escenario que hemos sufrido por demasiado tiempo? Esas consideraciones están mucho más en el terreno de lo real para un cambio determinante en el país que cualquier especulación de futuro por una modificación de medidas de restricción comercial de una potencia extranjera.

 

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