Publicado: Mar, 27 May, 2014

Perdiendo se gana

Marcos Forestal La Habana. Ramón Luis no llegó a subir al cuadrilátero. Prefirió escapar. Fue el único cubano derrotado en la ronda final del campeonato Panamericano que se celebró recientemente en Tijuana, México. Su contrincante ganó por no presentación.
Nada parece detener la estampida de deportistas de la Isla, cada vez que participan en topes fuera de las fronteras nacionales.

De poco o nada ha servido la nueva política de retribuciones para atletas de alto rendimiento y entrenadores

El propósito por excelencia es irse a probar suerte en el profesionalismo. Esforzarse para ganar millones de dólares.

El modesto aumento, en pesos convertibles, que aprobó el Instituto Nacional de Deportes y Recreación (INDER) por los éxitos obtenidos en la arena internacional, es desdeñado por la totalidad de los deportistas, aunque públicamente alguno se preste a exaltar la medida.

Entre la aceptación y los silencios se tejen los planes para concretar las evasiones en el momento oportuno.

Lo que tiempos atrás era una excepción se ha convertido en regla. Unas semanas antes del escape aquí comentado, el también boxeador Marcos Forestal, puso pies en polvorosa, esta vez durante una competencia en Estados Unidos.

En casi todas las disciplinas deportivas se contabilizan numerosas bajas por la vía de la deserción.

En cuanto al boxeo es preciso destacar las fugas de Guillermo Rigondeaux, Yuriorquis Gamboa, Oldanier Solís y Erislandy Lara, por solo mencionar las que más daño han hecho en uno de los deportes insignias de Cuba.

Aquellos años en que las arrolladoras victorias eran utilizadas por el poder como elementos de reafirmación revolucionaria han quedado como recuerdos difícilmente repetibles en la actualidad.

No es que las escuadras nacionales dejen de ganar torneos. Para lograrlo deben invertir mayores esfuerzos en la preparación de los novatos que pese a las dificultades consiguen imponerse, si es que no deciden escabullirse a hurtadillas.

El asunto más sensible de este fenómeno es la quiebra moral del régimen. Cada abandono echa por tierra el discurso de los funcionarios de la élite que suele presentar a los competidores como un batallón de tropas especiales al que nadie puede vencer. Son especies de Rambos criollos inmunes a las derrotas.

En otras palabras, el patriotismo que pregonan en los actos previos al abordaje del avión que cubre la ruta entre La Habana y el lugar de la competición, a menudo culmina en un mayúsculo papelazo.

En Tijuana, el equipo cubano se alzó con seis títulos. Sin discusión ganó el torneo. El séptimo triunfo estaba en los guantes de Ramón Luis, pero el final fue otro. Obviamente el que deseaba el joven de 21 años con grandes perspectivas en el deporte de los guantes y las cuatro cuerdas.

Uno de los comentaristas deportivos calificó, en el noticiario nacional de la televisión, de deplorable la huida del púgil reconocido por su depurada técnica y excelente desplazamiento en el ring.

Es lo normal para el contexto. Una postura que ha demostrado ser en no pocas ocasiones una especie de cortina humo.

Cualquiera de los detractores de Ramón Luis, podrían sorprender con una espectacular fuga en uno de sus viajes al extranjero. Los críticos más mordaces también escapan del “paraíso socialista” sin dejar pistas.

oliverajorge75@yahoo.com

 

 

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