Publicado: Mar, 20 May, 2014

El hereje de mantilla

Leonardo Padura La Habana. Quienes lo consideran un hereje no están muy lejos de la realidad. Sin embargo, por el tono y el contenido de sus intervenciones estaría bien considerarlo como un apóstata light.

Adjetivos aparte, el escritor y periodista Leonardo Padura, ha dado muestras de su oposición a los despropósitos del modelo político que se implantó en Cuba hace más de 54 años.

Los márgenes de tolerancia que disfruta se deben en parte a sus grandes éxitos editoriales allende las fronteras y al hecho de que sus artículos los publica en órganos de prensa foráneos.

Sabe que en los espacios nacionales debe suavizar sus puntos de vista, escritos o hablados, cuando se abordan temas demasiado controversiales. Lo hace con bastante objetividad, quizás sin ir al meollo del asunto, pero sin las coletillas que le ponen un sello divino a la revolución y al socialismo.

No es un escritor cualquiera. Goza de una indiscutible fama internacional ganada con talento y perseverancia.

Ningún favor le debe a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), ni a la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), dos instituciones donde la mediocridad, la adulonería y los intereses mezquinos se han arraigado hasta límites inimaginables.

Parte de sus antiguos colegas recelan de sus múltiples premios internacionales y de los contratos con afamadas editoras de España que le permiten desenvolverse con cierta libertad dentro de las fronteras nacionales.

Padura se atreve a decir lo que otros callan, plantean desde una perspectiva más contenida u omiten por razones obvias.

Por estos días, en el marco de la Feria del Libro de Buenos Aires, el autor de las novelas El hombre que amaba a los perros y Herejes, sus dos últimas entregas, ha vuelto a poner en entredicho la labor que realizan los periodistas en la Isla.

“Cuba tiene un problema grave respecto al ejercicio del periodismo. La prensa oficial pertenece al Estado y fundamentalmente refleja los intereses del Estado”, dijo en una entrevista el escritor que se ha negado a residir fuera del país y que vive en la misma casa donde nació hace 59 años, ubicada en Mantilla, uno de los barrios más pobres de La Habana.

Padura se ha referido al tema en anteriores ocasiones con enfoques similares. Desea un cambio de la política informativa actual. Rechaza la parcialidad y las espurias supeditaciones que terminan en burlas y denuestos de lectores que han optado por prestarle atención solo a la página deportiva y al pequeño espacio donde aparece la cartelera de la televisión.

En la entrevista pasó por alto la existencia de comunicadores independientes que desde hace años se arriesgan para sacar a la luz pública lo que ocultan los medios por orden del Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR).

Tampoco dedicó a tiempo a hablar de los actos de repudio, los arrestos arbitrarios y las condenas carcelarias, que soportan opositores y periodistas a manos de las turbas parapoliciales y los agentes de la policía política.

En síntesis, Padura ha asumido una postura intermedia. Alega que no es un disidente y por otro lado sus posiciones indican que la distancia entre él y el castrismo es infranqueable.

De todas formas, su voz es escuchada con atención en cualquier tribuna y nunca la usa para lisonjear a los “gorilas criollos” que resoplan y se golpean el pecho cada vez que algún hereje sale a la palestra a reprender sus torpezas y arbitrariedades.

Matices aparte, sus críticas tienen una connotación válida en un contexto marcado por el miedo y los silencios.

oliverajorge75@yahoo.com

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