Publicado: Mar, 27 May, 2014

El zapatero remendón

DSCN0126 La Habana. Gracias al viejo oficio de la zapatería, muchísimos cubanos hoy resuelven la problemática de calzarse los pies. A cientos de estos artífices se les puede ver en los bajos de una bodega, en un garaje o en un rincón de un agro mercado, inmersos en el arte de coser, clavar o pegar todo tipo de calzado.

Este servicio cobra una mayor relevancia, ante la imposibilidad de los cubanos de hacerse de una buena prenda para vestir sus pies. No es secreto que la mayoría del calzado -de fabricación china- que hoy se vende en las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD), además de ser caros y poco atractivo, son de pésima calidad.

Incontables ciudadanos gastan 20 ó 30 dólares (unos 480 ó 700 pesos) en estos zapatos que, luego de ponérselo en un par de ocasiones, tienen que salir en busca de un zapatero porque se quiebran o se despegan con facilidad.

“Tal pareciera que dicha mercancía, debido al largo tiempo que se mantiene acopiada en los almacenes, está vencida o podrida”, me dijo Sixto, un zapatero de Guanabacoa que ejerce este oficio hace varios años, debajo de la escalera de un edificio, en la calle Línea del capitalino barrio del Vedado.

“Todos los días se acercan a mi zapatería varios clientes quejándose del rápido deterioro de los zapatos que compran en las tiendas en divisas. A veces tengo que hacerles reparaciones capitales que van desde: poner una suela nueva, clavar un tacón o recoser con hilo encerado cualquier costura”, declaró.

Ejercer este trabajo en la isla no es tarea fácil. La Oficina Nacional de la Administración Tributaria (ONAT) le cobra a los zapateros un altísimo impuesto. Ninguno cuenta con un mercado mayorista que los abastezca de puntillas, suelas, agujas, hilo, además del indispensable pegamento.

Conseguir los materiales necesarios para trabajar con calidad es un verdadero dolor de cabeza. Una botella de 750 ml de pegamento de buena calidad, cuesta 200 pesos cubanos en el mercado negro. Pocas veces el zapatero encuentra este producto en las tiendas estatales. Cuando aparece es de mala calidad y a precios prohibitivos.

A pesar de las limitaciones, este laborioso sector cuentapropista, como tantos otros, se las ingenia para mantener a sus familias y contribuye a que muchos cubanos resuelvan resguardar sus pies.

El zapatero remendón también es víctima de la disfuncionalidad de sistema. Aquella otrora industria del calzado cubano- muchos recuerdan la marca Amadeus- contaba con un conjunto de actividades de diseño, fabricación, distribución, comercialización, y un reconocimiento en muchas partes del mundo. Lamentablemente muchas de las fábricas de calzados están en ruinas, algunas totalmente cerradas como la propia fábrica Amadeus. Otras, como el complejo de calzado de Guanajay, en la provincia de Artemisa, se mantienen parada por falta de materiales.

Leonpadron10@gmail.com

 

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