Publicado: Mar, 20 May, 2014

Mensaje urgente a Kcho

Kcho Santa Fe, La Habana. Dicen que el artista cubano de la plástica Alexis Leyva Machado, más conocido por el sobrenombre de Kcho, posee una rica imaginación y que su sensibilidad humana se refleja en toda su obra, la que no he podido ver, a pesar de que ha participado en noventa exposiciones individuales y doscientas colectivas en los principales museos y galerías del mundo.

Hace poco a Kcho se le ocurrió reproducir una celda de castigo estadounidense, llamada “El Hueco”, por donde han transitado los cinco cubanos acusados de espionaje y condenados desde 1998.

Qué pena que no me he encontrado con Kcho en la calle, que no nos topáramos por estos días en un taxi habanero. Le hubiera contado cómo es un “hueco cubano” en las cárceles políticas de Fidel Castro. Más exactamente, en el Cuartel General de la Seguridad del Estado, situado en la barriada de la Víbora, en el municipio habanero Diez de Octubre.

Allí, estimado Kcho, yo pasé seis meses de mi vida en 1990, sólo por pertenecer al Movimiento de Derechos Humanos, al que pertenezco todavía, como periodista independiente.

Conocí, como puede usted imaginar, ya que pudo reproducir con su obra El Hueco norteamericano, un confinamiento en solitario que podría volver loco a un santo, torturas psicológicas, interrogatorios a cualquier hora del día y sobre todo, siempre pendiente la amenaza de una condena a muerte.

Para nada le importó al Mayor Instructor Rodolfo Pichardo, experto verdugo graduado en la antigua KGB y la Stasi alemana, que yo fuera una mujer escritora, poetisa con libros publicados y pacífica, de acuerdo a mis ideas políticas.

Ese engendro de hombre, bajo las órdenes de Fidel Castro, se propuso destruir mi espíritu y lo logró. Se propuso aterrorizar a mis dos hijas menores, hoy en el exilio, y lo logró.

Pero no logró, amigo Kcho, destruirme para siempre. Necesité de un buen período de tiempo para armar cada pedacito de mi persona y pude lograrlo.

Hoy, al cabo de 24 años, leo en la prensa que un colega mío del arte ha presentado una celda macabra, para que sea visitada hasta por ancianos, en un museo de La Habana. ¿No murió ninguno de un infarto luego de sentirse encerrado cinco minutos en su Hueco?

Agradecido debe estar el jefe de la Dinastía Militar Cubana con esa idea suya de seguir aterrorizando a los cubanos, aunque sea por sólo cinco minutos en un ¨hueco¨, inventado por usted. El, que ha impregnado el terror a los cubanos desde que plantó sus pies en el poder. Un terror, claro está, hecho a su estilo, porque como bien dijo no recuerdo quién, es mejor inspirar miedo que respeto.

Pero estamos a tiempo, Kcho. Cuando quiera, venga a mi casa, en calle 17 no 30617, en Santa Fe, municipio Playa, para contarle mi experiencia de seis meses en El Hueco de la Seguridad del Estado, donde siempre, desde sus inicios, quien da las órdenes es ese amigo suyo, más conocido por Lucifer, que por Fidel.

 

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