Publicado: Mar, 3 Jun, 2014

Consagrados en camposanto

Cementerio de Colón Santa Clara. En Santa Clara, como en el resto del País, muchas son las entidades estatales que padecen un deterioro progresivo, estas víctimas de ineficientes políticas económicas, que arrastran estos establecimientos hasta convertirlos en ruinas, como es el caso del Cementerio de esta localidad, que se encontraba en muy mal estado por falta de mantenimientos periódicos.

Hoy enfrenta una reparación que hasta el momento se limita a sus cercas perimetrales. Estas presentaban un deterioro muy avanzado, hecho que atenta contra la seguridad y el ornato del lugar. El organismo encargado es la Empresa Municipal de Comunales, quienes a su vez tienen la responsabilidad de garantizar el buen funcionamiento de esta Necrópolis.

Hace solo unos meses se vieron una vez más involucrados en un escándalo de profanación de cadáveres, así como también el hurto y la comercialización de los materiales que se deben utilizar en el mantenimiento del Campo Santo y el sellado de las tumbas, situación que está dada por la contratación que realizan a individuos inescrupulosos prestos para cualquier vandalismo.

Los pésimos salarios también obliga a que los trabajadores sustraigan recursos ilícitamente para lograr satisfacer las necesidades más elementales. Por ejemplo, los Sepultureros, hombres que por un salario de $371,00 moneda nacional, equivalente a 15 dólares, están dispuestos a realizar su labor a la hora que sean llamados sin detenerse a pensar que están arriesgando sus vidas.

Estas personas realizan una labor indispensable, más nadie la ve, pero están ahí. Algunas veces bajo la lluvia, otras bajo el sol, de madrugada. En fin, al momento que se necesita realizar un sepelio están presentes, a pesar de saber que no recibirán un centavo por condiciones anormales, ni por horas extras, mucho menos por peligrosidad, pero cumplen con su trabajo a cabalidad.

No son pocas las quejas que a diario reciben, acompañadas del desprecio de aquellos ciudadanos incapaces de advertir la importancia de su labor, muchas veces sin los medios de protección adecuados. El sepulturero permanece más de ocho horas en condiciones de completa insalubridad, a riesgo de contraer enfermedades. Pero no protestan, ni se inmutan en proferir palabra, solo se limitan a exclamar que alguien tiene que enterrarlo porque si no es peor.

Después de observar una exhumación donde la persona involucrada (el sepulturero) se introdujo en aquella fosa sin pensar un segundo el peligro que corría de contraer una enfermedad, comenzó el levantamiento del cadáver, como decimos los cubanos, “a mano limpia”. Esta acción me mantuvo paralizado por un instante.

Como un experto Paleontólogo Forense, el sepulturero extrajo la osamenta, envolviéndola en restos de la tela que cubría el deteriorado sarcófago. Posteriormente, ya fuera de la fosa, meticulosamente limpió el esqueleto. Después de un leve tratamiento de conservación los colocó en una caja pequeña (osario). Digno de admirar el amor, respeto y la dedicación con que realizó esta labor.

Por curiosidad pregunté – ¿Cuánto le pagan por la exhumación de un cadáver?- Nada, ni un centavo- Respondió. También señaló que muchos familiares de los fallecidos en agradecimiento les dan algún dinero. Recalcó que si realizan más de 210 exhumaciones en el mes les pagan $60,00 de estímulo.

Después de permanecer por casi un día dentro del Campo Santo y constatar las situaciones antes mencionadas, puedo asegurar el heroísmo que arrastran estos humildes hombres, quienes a pesar de no cumplir los planes marcados por la administración, siempre están prestos a prestar el servicio que muchos evaden realizar.

 

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