Publicado: Mar, 24 Jun, 2014

El Artículo 62 de la Constitución

Constitución de la República de Cuba La Habana. Es interesante analizar con algún detalle el artículo 62 de la presente Constitución socialista cubana, el que establece:

Ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida contra lo establecido en la Constitución y las leyes, ni contra la existencia y fines del Estado socialista, ni contra la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo. La infracción de este principio es punible.

El análisis de esta aseveración se emprende dividiendo sus partes integrantes:

Ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos…

El artículo comienza con una palabra generalizadora: NINGUNA. Es decir que, de las libertades que podamos encontrar en la Carta Magna, todas ellas, sin excepción alguna estarán sometidas a lo que sigue:

…puede ser ejercida contra lo establecido en la Constitución y las leyes…

Aquí está el primer problema. En buena técnica constitucional, con esto la Carta Magna obliga a todos sus destinatarios, entre los que se encuentra el mismo poder que la creó. Siendo así, la pregunta que se desprende es: ¿y qué sucede cuando el propio representante de este poder que se la he delegado, es decir, el propio gobierno, es quien dicta normas violatorias de la Constitución y de las leyes nacionales? Ejemplos de esto hay…y no pocos.

Y más adelante:

…ni contra la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo.

En primer lugar es necesario dejar claro que en el mundo moderno, para reconocer a una constitución como tal, ésta debe llenar con carácter obligatorio determinados parámetros, como:

A) El país que no estatuya la tripartición de los poderes del Estado (es decir poder ejecutivo, sistema judicial y sistema legislativo), no tiene una verdadera Constitución.

Casualmente, de esto es lo que han estado tratando los chinos en su último congreso del Partido Comunista: la separación de los distintos poderes del Estado y, en especial, la independencia del Poder Judicial.

 B) Las constituciones no pueden ser ideológicas porque entonces serían excluyentes de una parte importante de la ciudadanía.

Una Constitución es una ley viva y práctica que no puede constituirse con elementos ideológicos.

José Martí

C) Las verdaderas constituciones sólo lo son las democráticas.

La Cámara (parlamento) no podrá atacar las libertades de culto, imprenta, reunión pacífica, enseñanza y petición, ni derecho alguno inalienable del pueblo.

 Ignacio Agramonte y Antonio Zambrana,

 Constitución de Guiáimaro, 1869

 D) Las constituciones no pueden contener cláusulas que las conviertan en perpetuas. Sería condenar a las generaciones posteriores a imposiciones para las cuales no fueron consultadas.

 Ninguna sociedad puede hacer una constitución perpetua o incluso leyes perpetuas.

 Thomas Jefferson

En el fragmento del presente artículo, la constitución cubana vigente se torna increíblemente ideológica, al extremo de negarle al propio soberano de la nación, el pueblo, todos sus derechos básicos e ignorando su condición de pueblo libre per se al someterlo forzadamente a una ideología política en desuso en el mundo por su fracaso universal en todos los planos de la vida social.

Además, ¿quién es el encargado de interpretar si lo que dice un ciudadano, una cooperativa, un sindicato o una agrupación estudiantil “…está en contra de la decisión del pueblo cubano…?”

Ante el temor de que pudiera ser interpretado de la manera a la que hace alusión el artículo 62, y no como una crítica constructiva o legítima por parte de los ciudadanos y sus organizaciones, esto posibilita mantener un asentimiento colectivo forzoso a todo lo que dimane del poder imperante.

Para colmo, en un país donde no hay partidos políticos de oposición autorizados por las leyes nacionales, algo así deja a todos los ciudadanos no favorables al gobierno en un total estado de indefensión. Es una práctica trillada y tolerada en Cuba, pero no en la inmensa mayoría de los países del mundo.

Este asunto constituye un verdadero y muy serio ataque a la libertad de expresión con relación a la cual Ignacio Agramonte y Loynaz dijera en su momento:

El individuo mismo es el guardián y soberano de sus intereses, de su salud física y moral; la sociedad no debe mezclarse en la conducta humana, mientras no dañe a los demás miembros de ella.

Funestas son las consecuencias de la intervención de la sociedad en la vida individual; y más funestas aún cuando esa intervención es dirigida a uniformarla, destruyendo así la individualidad que es uno de los elementos del bienestar presente y futuro de ella.

Debe el hombre escoger los hábitos que mas convengan a su carácter, a sus gustos, a sus opiniones y no amoldarse completamente a la costumbre, arrastrado por el número.

La centralización llevada hasta cierto grado es, por decirlo así, la anulación completa del individuo, es la senda del absolutismo; la descentralización absoluta conduce a la anarquía y el desorden. Necesario es que nos coloquemos entre estos dos extremos para hallar esa bien entendida descentralización que permite florecer la libertad a la par que el orden.

La centralización hace desaparecer ese individualismo, cuya conservación hemos sostenido como necesaria a la sociedad. De allí al comunismo no hay más que un paso; se comienza por declarar impotente al individuo y se concluye por justificar la intervención de la sociedad en su acción destruyendo su libertad, sujetando a reglamento sus deseos, sus pensamientos, sus más íntimas afecciones, sus necesidades, sus acciones todas.

Y el artículo 62 de la Constitución socialista cubana concluye:

La infracción de este principio es punible.

Y esto es el recordatorio del carácter coactivo, imperativo e impositivo de la ley dirigida nada más y nada menos que a los ciudadanos, es decir, al Soberano.

 

 

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