Publicado: Mar, 17 Jun, 2014

Libros de Viajeros

Relatos de Eva Canel La Habana. Los viajes cambian el sentido y la imagen tradicional del mundo. Sobre todo, aquella imagen sobre la cual están anclados los estereotipos modernos que le dan sentido a nuestra realidad. Por lo menos, el afortunado viaje de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo cambió el rumbo de muchas historias. Cristóbal Colón Fontanarosa sería no solo el primer conquistador sino el primer viajero que da noticias sobre Cuba.

Durante los siglos XV y XVI, los viajeros que arribaron a tierra americana fueron conquistadores portugueses, españoles, ingleses, franceses y holandeses. Los creadores de los imperios coloniales eran seguidos por cronistas, misioneros, mercaderes, cartógrafos y aventureros, quienes trataron de configurarnos dentro de las nuevas concepciones geográficas del mundo.

Las visiones sobre Cuba o el territorio americano en general casi siempre estaban matizadas por la recreación imaginaria de los viajeros. De esta forma, para el Viejo Continente, el Nuevo Mundo no solo era una utopía sino un universo imaginario y fantástico. Como Cuba no ofrecía las riquezas que España codiciaba y de inmediato se descubren los vastos imperios precolombinos, el viajero conquistador o misionero, en tránsito por nuestra tierra, comenzará a reseñarnos de pasada. Las noticias sobre la isla se incluirían en las crónicas dedicadas a otros pueblos y en las obras que grabadores, la mayoría de las veces anónimos, documentaron gráficamente.

Las narraciones, a veces ingenuamente deformadas, transitaban por relatos marinos; batallas e incursiones a las villas recién fundadas; combates con corsarios, bucaneros y filibusteros en las costas cubanas; el ambiente geográfico y arquitectónico; escenas urbanas. Viajeros italianos, alemanes, españoles, curiosos o con intereses económicos en la colonia, convierten a ´´La Llave del Nuevo Mundo´´ en objeto de descripciones en sus libros de viajeros. La mayoría de las veces son textos con apreciaciones superficiales, observaciones limitadas, imprecisiones de datos y lastradas de prejuicios. No obstante, son reseñas que ilustran sobre nuestras primeras costumbres, las instituciones, el ambiente arquitectónico y social de esta etapa.

El afán de extender el horizonte geográfico dará lugar a un nuevo tipo de viajero con intereses más amplios a comienzos del siglo XIX. El viajero naturalista, explorador marca un periodo de transición hacia una mirada más acuciosa de nuestro entorno. La separación de las colonias americanas de la metrópoli española; el auge de la esclavitud africana; la entrada de inmigrantes chinos y los cambios en las ideas políticas en Cuba atrae a viajeros con variadas intenciones.

Poetas, políticos, economistas, hombres de ciencia, soldados, médicos, enfermos, nobles, religiosos, exiliados, aventureros, desertores, turistas, periodistas y artistas de diversas latitudes plasman su visión sobre la isla. Las observaciones de los viajeros – 355 libros son publicados sobre Cuba hasta el siglo XIX – resultan un interesante testimonio de las condiciones de vida, estado político y social, ordenamiento económico, tipos populares, manifestaciones del arte culto, según los intereses de sus autores.

A medida que avanza el siglo con mayor frecuencia se adentra en el panorama insular la mirada del viajero norteamericano, sobre todo atraído por las guerras de independencia y la importancia que va ganando el país en el plano nacional e internacional. Entre las regiones de mayor interés para este nuevo explorador se encontraban La Habana y sus inmediaciones, las plantaciones cañeras del occidente cubano, haciendas y cafetales, las regiones de Matanzas, Cárdenas y Pinar del Rio. Pocos se adentraban en la zona Central y Oriental del país. La posición geográfica de La Habana se convirtió en uno de los temas más recurrentes en las descripciones de estos andarines.

El interés por los libros de viajeros fue desapareciendo con el nuevo siglo XX, curiosamente a medida que aumentaba el afán de acercarse a un pueblo joven que emergía de la mixtura de varias culturas y etnias. La Cuba colonial se convirtió por su parte en un universo que atraía y sorprendía al trotamundos: costumbres, comidas, aromas, gestualidad, exaltaciones, grandilocuencia, pasiones, sentimientos; signos visibles de la cotidianidad del cubano. Un registro visual y oral sumergido que como viajeros hoy día deberíamos poder explorar.

 

 

 

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