Publicado: Mar, 3 Jun, 2014

Muchos perjuros vuelan al norte

Aeropuerto de Moscú La Habana. Cuentan que el juramento de los piratas consistía en poner una mano sobre una botella de ron y la otra sobre un hacha de abordaje.

Los cubanos, sometidos a tantos años de ateísmo comunista, juran por lo que más quieren: su madre o sus hijos. “Te lo juro por mi madre”, “Te lo juro por mis hijos”, son las frases más pronunciadas en los juramentos de los cubanos.

Eso de que al perjuro se le secaba la mano derecha al cubano lo tiene sin cuidado. “Yo no creo ni en mi madre”, es una frase muy común en los hijos de la Caridad del Cobre.

Hay un motivo por el que muchos cubanos mentirían sin pensarlo dos veces, así le hicieran jurar por su madre o por sus hijos: conseguir una visa para irse del país.

Existe también un conocido programa norteamericano en la isla por el que pueden lograrlo: el Programa de Refugiados de la Oficina de Intereses de los EEUU en La Habana, Cuba.

Durante años dicho programa le ha brindado asilo en los EEUU a muchos perseguidos, víctimas de la represión política, religiosa o de cualquier otro tipo. Pero no es un secreto para nadie que también se han beneficiado de dicho programa personas a las cuales nadie las ha perseguido excepto, quizás, el perro del vecino.

Incomprensiblemente el gobierno de los EEUU les ha negado el estatus de refugiado a unos cuantos ex prisioneros políticos, quienes han probado con creces que han sido reprimidos y perseguidos por el gobierno cubano.

Entre las exiguas excusas que esgrimen los norteamericanos están el carácter violento de los delitos de esos ex prisioneros, entre otras consideraciones que años atrás no eran motivo de negativa.

Sin embargo, para poner un ejemplo, cualquiera con un mínimo de conocimientos sobre los testigos de Jehová, con dos o tres citaciones de la policía como evidencia —se consiguen en blanco y con cuño para que el cliente le ponga lo que desee—, y una triste historia de persecución religiosa, puede volar rumbo al norte si logra mantener la coherencia y exactitud de su historia en las entrevistas con los funcionarios de inmigración.

He preguntado a los Testigos de Jehová, que tocan a mi puerta todos los fines de semana para predicar la palabra del Señor, si alguno ha sido molestado por la Seguridad del Estado debido a su prédica. Siempre he recibido la misma respuesta: “no, hasta ahora no”. Me aseguran incluso que asisten a cinco reuniones a la semana. Tres los sábados, y dos los domingos. Los opositores, o los periodistas independientes serían afortunados si sólo los dejaran reunirse una vez al año.

No dudo que existan casos de verdadera persecución, sobre todo de años pasados pero, ¿de dónde salen ahora tantos Testigos de Jehová que aseguran ante los funcionarios norteamericanos que han sido reprimidos por la Seguridad del Estado cubana? Estuve preso por espacio de 16 años en los que no conocí a ningún testigo de Jehová que estuviera preso por su orientación religiosa.

Las interminables colas en el local del Programa de Refugiados hacen que me pregunte de dónde salen y que han hecho todas esas personas desconocidas, que afirman ser perseguidos políticos o religiosos.

El gobierno norteamericano debería replantearse qué es más justo, si negarle la entrada a los EEUU a los verdaderos perseguidos por incomprensibles excusas de seguridad, o darle la bienvenida como refugiados a un grupo de perjuros que mienten ante su propio dios para abordar un avión rumbo al norte.

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