Publicado: Mie, 11 Jun, 2014

Pescadores furtivos en la mirilla

Pescador en Caibarién 2 La Habana. Las Tropas Guardafronteras cubanas ya no solo realizan misiones para abortar operaciones de narcotráfico y repeler posibles infiltraciones armadas.

Ahora están tras la pista de quienes sacan de mares y pantanos, langostas, camarones, cobos, tortugas y cocodrilos para venderlos al mejor postor.

Los infractores, muchos de ellos en la cárcel por su insistencia en el delito de pescar sin permiso, insisten en sus prácticas. El gobierno no ha autorizado la modalidad de pescador comercial entre las modalidades de trabajos por cuenta propia.

Gracias a las ventas ilícitas, decenas de familias pueden comer productos marinos que con el tiempo se han vuelto exclusivos. En los locales del Estado las ofertas siguen siendo magras y de muy baja calidad.

Eso explica el crecimiento exponencial del fenómeno y lo difícil que resulta eliminarlo, al margen de las redadas y las astronómicas multas.

Hace más de 20 años que una gran parte de la población carece de oportunidades legales para consumir muchas de las especies que habitan en las plataformas marinas.

Las tablillas de las pescaderías se limitan a anunciar croquetas de pésima factura y dos o tres productos más condenados al rechazo o al consumo por resignación. El hambre y los bajos salarios obligan a tragar lo que aparezca.

Comerse un pargo al horno, un filete de aguja o una ración de pulpo estofado son propósitos demasiado exigentes para la mayoría.

Para degustar cualquiera de esos platos es necesario recurrir al mercado negro y pagarlo bien caro.

Actualmente un kilogramo de pescado se cotiza a 4 pesos convertibles, unos 6 dólares aproximadamente. Esto en un país donde el salario promedio no pasa la barrera de los 20 dólares.

Ni hablar de pedirlo en un restaurant, estatal o privado, o tomarlo de las surtidas neveras de los centros comerciales que el gobierno administra y mantiene con precios de escándalo.

Los hechos expuestos aquí, ilustran lo difícil que resulta atenuar el contrabando.

Para tener una idea de cómo están las cosas, basta saber que el año pasado se contabilizaron un total de 2, 959 casos vinculados a la captura y comercialización de tortugas, langostas, manatíes, entre otras especies muy cotizadas.

Al ritmo que van las cosas e independientemente de las operaciones de los guardafronteras, es probable que al cierre del 2014 las incidencias sean superiores a las de años anteriores.

Sin ampliar el rango de las llamadas transformaciones estructurales es imposible pensar en el fin de las actividades que fortalecen le economía subterránea.

La persecución y los castigos son alternativas que no ayudan a remediar el problema. Cuba es una Isla y por tanto es iluso pensar que más de 2 mil kilómetros costas puedan ser vigiladas durante las 24 horas del día.

En los litorales sobran pescadores furtivos a la espera de que apaguen los reflectores y pasen las rondas de los milicianos para comenzar sus faenas.

Sus clientes aguardan con impaciencia y maldicen a sus perseguidores. En la jerga popular solo están “luchando” por sobrevivir. Es decir son inocentes y además, venden más barato que el Estado.

oliverajorge75@yahoo.com

 

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