Publicado: Mar, 17 Jun, 2014

Temporada de éxodo

Costa norte de Cuba La Habana. Llega el sexto mes del calendario imponiendo condiciones climatológicas de mero verano subtropical. El mar, paulatinamente, ha perdido los bríos que los invernales “nortes” suelen impregnarle, haciendo del Estrecho de la Florida una peligrosa “autopista” que no pocos cubanos de intramuros enfrentan con la ilusión de recalar en costas de Norteamérica. Arranca la temporada de éxodo.

Las leyes y medidas impuestas por el gobierno nacional para criminalizar a quienes intentan abandonar el país por vías marítimas sin la documentación reglamentaria, cada vez surten menos efectos. Las personas prefieren poner en riesgo la vida o tal vez enfrentar el sistema judicial antes que continuar viviendo la pesadilla cubana.

Durante el primer semestre del año el número de cubanos interceptados en el mar por miembros del Ministerio del Interior –MININT- aumenta paulatinamente a medida que se acerca el período estival, época donde la actividad de “balseros” toma mayor auge.

Según dio a conocer un Primer Teniente de las Tropas Guarda Fronteras del MININT que por cuestiones de seguridad prefirió no ser identificado, finalizado el mes de mayo la fuerza había interceptado cincuenta y dos embarcaciones tripuladas por cubanos que pretendían abandonar la isla. Cuarenta y cinco de los medios navales confiscados eran de fabricación artesanal.

También informó que se lograron detener otras seis embarcaciones provenientes de Norte y Centroamérica, dedicadas al tráfico ilegal de personas.

El oficial de la fuerza encargada de patrullar las costas y aguas territoriales dijo que la suma de personas implicadas en estos intentos fallidos de “salida ilegal” del país asciende a más de 500, y explica que la cifra total de ciudadanos involucrados es muy superior si se le añaden los intentos frustrados en tierra por acciones conjuntas de los cuerpos de la Policía Nacional Revolucionaria –PNR-, el Departamento de la Seguridad de Estado –DSE- y las Tropas Guarda Fronteras.

“Desconozco el dato exacto de las detenciones en tierra pero, sin miedo de equivocarme, añadiendo aquellas personas que fueron detenidas antes de poder echar el bote al agua, la estadística general puede superar los mil implicados”, aseveró.

En términos estadísticos, puntualizó el Primer Teniente que resulta prácticamente imposible determinar la cantidad de “salidas ilegales” que se producen y la cantidad de personas que se hacen participes del movimiento de “balseros”, debido a que muchos consiguen alcanzar el destino deseado.

La mayoría de las rutas marítimas que usan los “balseros”, desde el occidente o el oriente del país, atraviesan el Estrecho de la Florida en dirección a territorio de EUA persiguiendo los beneficios que proporciona la Ley de Ajuste Cubano. Otras rutas se sitúan en la costa sur camino hacia las islas del Mar Caribe y Centroamérica, aunque los convenios migratorios firmados por el gobierno cubano con los países del área han puesto en desuso estos recorridos a causa de las repatriaciones.

Así mismo, la superficie marítima que separa a la Mayor de las Antillas con la República de Haití, conocida como El Paso de los Vientos, debutó a finales de la década pasada como una de las rutas utilizadas para escapar de lo que los cubanos llaman “la isla cárcel”.

A raíz del caos generado por el terremoto de 2010 en Haití, el tránsito por esta ruta ganó en popularidad por los pocos controles que posee. Sin embargo, es particularmente larga y compleja, pues, después de arribar a suelo haitiano, los viajeros deben cruzar la frontera hacia la República Dominicana para luego proseguir por mar rumbo a la isla de Puerto Rico, también territorio estadounidense.

A pesar de las regulaciones realizadas en 2013 a la Ley de Migración nacional, el alto costo de los trámites migratorios y los amplios requerimientos exigidos por los consulados extranjeros para entregar visas a cubanos, hacen que abandonar el país a hurtadillas por mar siga siendo la vía más asequible para el ciudadano corriente.

Juan Carlos Rivalta, quien cuenta a sus espaldas con ocho intentos fracasados de “salida ilegal” del país, resalta que por razones fundamentalmente económicas las personas escogen construir un bote y lanzarse al mar.

“Las posibilidades de emigrar legalmente son un truco, casi nadie puede pagarse los trámites a no ser que le manden dinero del exterior”, señala Rivalta. “En las ocho veces que me tiré he gastado menos de lo que vale un pasaje de ida y vuelta a los Estados Unidos”.

Argumenta que la construcción de un bote de cuatro metros de largo, por dos de ancho y uno y medio de alto, vale alrededor de 30 mil pesos, así que para abaratar los costos en la planificación del viaje se asocian generalmente más de diez personas que aportan pequeñas sumas de dinero hasta cubrir el monto total de la inversión. También se incorporan algunos que no poseen efectivo pero que aportan con servicios de transportación, mano de obra para la elaboración de la embarcación y conocimientos de navegación.

“Tratamos de escoger siempre a gente con experiencia y hacemos un gran equipo. Entre todos damos lo que tenemos aunque terminemos sin nada en los bolsillos, lo importante es salir de este infierno y algún día lo voy a lograr. Tanto da el cántaro a la fuente que…, a lo mejor es este año”, sentenció Rivalta.

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