Publicado: Mar, 24 Jun, 2014

Tierras Baldías

Vendedor de limones La Habana. Entre el marabú y la desidia crece el desabastecimiento. Las probabilidades para comer relativamente bien, continúan dependiendo de las remesas del extranjero o en el arte de desenvolverse lo mejor posible en los trajines del mercado negro.

Son las dos fuentes, las únicas, de obtener el dinero para pagar a precio de oro los productos que llegan a las tarimas de los agromercados.

Las promesas de que las reformas revertirían la situación fueron cantos de sirena. Un hecho que se ha hecho rutinario desde la instauración del sistema comunista.

Desde el 2008, año en que el Estado comenzó a entregar las tierras ociosas a los campesinos, el repertorio de desastres es inconmensurable.

El estancamiento prevalece. La peor noticia es que nuevamente se intenta subsanar los errores con nuevas rondas de planes que se mantienen dentro de los límites de la banalidad y el disparate.

Duele enterarse de que en la actualidad existen más de un millón de tierras sin cultivar. Una sexta parte del total.

Pararse en una tribuna a pedir confianza y paciencia en el cada vez más cuestionable proceso de apertura es sencillamente indigno. ¿Cuál será el límite de la negligencia y la chapucería de la cúpula de poder ante los graves problemas económicos del país?

¿De qué manera ponerle fin a la importación de cerca del 80% de los alimentos que se consumen en el país durante un año?

No es fácil ser optimista frente a esas realidades. Las propuestas para remontar los fracasos son demasiado vagas. Algo que dificulta su interpretación y alimenta las dudas en relación al interés de implementar, sin tantos rodeos, los llamados cambios estructurales.

La solución tiene que ser a través de una cirugía. Insistir en los parches sobre la superficie del sistema es perder el tiempo.

No debe haber dudas de que Raúl Castro y sus correligionarios juegan con el destino del país y que su prioridad es la conservación del poder.

El concepto de nación termina en el umbral de sus incontables privilegios y costumbres, adquiridos bajo al amparo de la impunidad en la aplicación de la fuerza contra sus críticos. Así como en el control y la manipulación de la sociedad en su conjunto.

Es preciso desatar muchos nudos para que las reformas fluyan. El desamarre de algunos y el aflojamientos de otros no es suficiente.

Hace falta voluntad política para echar abajo la arquitectura de un modelo que ha demostrado su ineficacia.

La tónica durante el largo mandato del partido comunista ha sido la culpabilidad del “enemigo externo” en las múltiples disfuncionalidades del sistema.

Sin embargo, el adversario más tenaz permanece atrincherado en una oficina y con el carnet del partido en ristre.

Su destreza es proverbial. Han logrado extender la escasez y la inflación por toda la Isla.

El general-presidente los aúpa y alienta en secreto. En público, los amonesta y les exhorta a apresurarse en la actualización del socialismo.

Es parte del juego. Una estrategia para ganar tiempo. Un artificio en el que ningún cubano cree a no ser por miedo o conveniencia.

oliverajorge75@yahoo.com

 

 

 

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