Publicado: Mar, 1 Jul, 2014

El proyecto aislacionista latinoamericano

Indecisión La Habana. El abierto espíritu de progreso y real integración que recorre el mundo de hoy se da de narices con un escenario insólito en nuestras pocas desarrolladas sociedades latinoamericanas. De una manera bien controvertida, en la mayor parte de las nuevas estructuras de “integración”, de hecho emergidas dentro de un espíritu de malae fidei possessio (1). Incluso en una de las más antiguas, Mercosur (2), asumen y hacen prevalecer viejos patrones y premisas aislacionistas. En consecuencia, la mayor parte de ellas resultan sobrecargadas con un exceso de equipaje ideológico que asombra por lo inmutable. Emiten el rancio rencor solidificado por la Guerra Fría.

De hecho, sus propósitos y metas direccionales están desvinculados de las expectativas y reales necesidades de los pueblos que afirman representar.Más bienparece que van inspirados en el añejado ideal castrista de eterno Parapetamiento Frente a un Enemigo Común. En su versión más isleña de realidad tras bambalinas, oculta un conservadurismo provinciano y franco terror al caos de la libertad y sus efectos de cambio en las estructuras de grupos tradicionales de élites políticas, partidos democrático fosilizado y hasta la vieja concepción del poder mismo como un asunto de pocos.

Pese a discursos y bases proclamadas en recientes cónclaves del área, como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de las Américas (ALBA), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR)…y hasta ese peñasco de nihilismo de izquierda que se denomina Foro de Sao Paulo, todas con carga de paranoia, ¿cómo es posible obviar el hecho de lo alejados que en la práctica resultan del espíritu de integración mundial?

Al promover un modelo continental con carácter “ario-latinoamericano”, sobre la base de la negación de vínculos futuros, que no presentes, con los EEUU y Canadá (los que por demás son su real y natural mayor mercado), aparte de lo irreal e hipócrita que en la práctica resulta, no emprenden otra cosa que los viejos y más que trillados war-path de corporaciones políticas populistas, conformadas por las élites del autodenominado “Sur”.

Sin embargo, los rediseños del “antimperialismo” que así se tornan continentales no conducen precisamente hacia el futuro. De hecho, aspiran a validar como nuevos esos viejos procesos antidemocráticos del pasado, tiñéndoles de modernidad la peluca.

La verdadera naturaleza imperial es esa que no hace parciales distingos con “hermanos latinoamericanos” si hay oportunidad de imponerse con intereses nada cordiales y solidarios, y todo mediante el expediente de volumen y peso específicos. Como clásico ejemplo, mostró su garra cuando el gobierno de Lula da Silva, en abierto desafío a la decisión de los poderes institucionales elegidos, y en ejecución de la Constitución que se estableció a sí misma Honduras, y reconocida como tal internacionalmente, desde los infranqueables bordes del recinto diplomático brasileño alentó al destituido Zelaya a azuzar a sus seguidores y provocar disturbios, trastornando la paz social de la capital hondureña. Y otro caso lo constituyó la encerrona de Mercosur a Paraguay, aprovechando la legal destitución del presidente Lugo, para colar como miembro a Venezuela.

Es evidente que en los excluyentes pasillos del poder en Latinoamérica asusta más el pleno ejercicio del Estado de Derecho, ese que se impone, respeta y afirman representar democráticamente Honduras y Paraguay, que la creciente y perniciosa influencia del totalitarismo castrista y sus derivados continentales.

Aunque no sólo eso prima dentro de estas organizaciones. Dando muestra palpable de frágil inconsistencia y solidaridad, tenemos el reciente abandono que ha sufrido el gobierno ecuatoriano por parte de sus socios más “solidarios”, Venezuela y Argentina, ante las ofertas de negocios de la multinacional petrolera Chevrón, con la que Ecuador tiene un muy sonado litigio multimillonario.

Y también es conocida la bronca entre Colombia y Venezuela por el Secretariado General de Unasur, donde el ex -guerrillero y chavista Alí Rodríguez aun se aferra a esa curul pese a que ya se le venciera en mayo el mandato compartido de seis meses que le otorgaran.

El mundo marcha hacia un cambio de progreso y novedades de todo tipo. Y la verdadera Latinoamérica está más allá de los pasillos del poder. Comienza a ser otra cosa bien distinta, abandonada la imagen de indios con burritos o cantantes de corridos y milongas. Y en contrapartida, existen unos Estados Unidos bien diferentes. Con el estruendo de la caída del régimen soviético dejaron de practicar en el resto de nuestro continente la vieja política injerencista pro defensa contra el expansionismo comunista.

Con este escenario, ¿puede Latinoamérica permitirse estos retrocesos fermentados por ideólogos, politólogos, académicos, partidos de listas cerradas y núcleos elitistas que se formaron más en el antiamericanismo, el oportunismo rampante, el estancamiento del Estado de Derecho y la paranoia, que en los nuevos aires que corren de progreso y apertura? ¿Responde con realismo a los actuales y futuros retos que traen la fulgurante imposición de las modernas comunicaciones personales, la revolución tecnológica, las ágiles dinámicas financieras, las vigorosas realidades sociales y las soluciones que se abren paso ante el fracaso del modelo de clientelismo social netamente estatista, algo que increíblemente parece buscar nuevas ediciones en el continente mediante el esperpéntico abrazo con el más crudo “antiimperialismo”?

Notas:

1) (Sic.)Posesión de mala fe. Existe cuando el poseedor conoce positivamente la ilicitud de su posesión, o sólo por negligencia inexcusable deja de conocerla.

Este bloque económico subregional, por los tiempos que corren con gobiernos de una izquierdismo que consagra el Estado juez-y-parte, también ha ido derivando desembozadamente hacia la misma posición de aislamiento contra la constante renovación que van imponiendo los procesos globalizadores.

 

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