Publicado: Lun, 28 Jul, 2014

Cantar la Guantanamera en el cine cubano

Foto tomada de Internet La Habana. La creación del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC), el 23 de Marzo de 1959, fue un muro de propaganda ideológica  levantado desde el poder para la regulación, temática y conceptual, de las películas a  proyectar en Cuba. En Mayo del 61 caería la primera víctima.

“Sólo negros bailando, No es el momento histórico, Esas imágenes no representan al cubano de hoy”, fueron algunos de los argumentos y sinrazones que utilizó la Comisión Revisora de Películas, para prohibir y confiscar el documental P.M., realizado por Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante

El documental de 23 minutos, creado al estilo del free cinema inglés, mostraba imágenes de ciudadanos que cruzaban  la bahía en la lanchita de regla, bailaban en los bares del Muelle de Luz, en las playas de Marianao, sitios donde se divertían, a contrapelo de la inminente invasión por Playa Girón.

La escandalosa confiscación de P.M. en un escenario político vertiginoso, donde ya la censura oficial  comenzaba a mostrar su intención de regular todas las manifestaciones del arte, desató una protesta masiva de artistas y escritores que generó encendidos debates entre la cúpula del poder y los creadores.

La Casa de las Américas, la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), fueron los escenarios previos donde no sólo se reafirmó la confiscación de P.M., sino también desde donde se convocó a dialogar con las máximas figuras del poder, hecho que puso fin a los estériles debates.

Durante los viernes 15, 23 y 30 de Junio de 1961, en la Biblioteca Nacional, y secundado por otros representantes del poder, Fidel Castro, pistola sobre la mesa, apabulló a escritores y artistas  con deberes y derechos revolucionarios, y concluyó con las reductoras e intimidatorias Palabras a los intelectuales “Dentro de la revolución, todo, contra la revolución, nada”.

De ahí en adelante la libertad de creación y expresión quedaron a merced de una política cultural que sólo respondería a los intereses del poder, y encerró decenas de filmes incómodos para la ideología impuesta en el país, como P.M., en la oscuridad de una bóveda de la cinemateca sin llegarse a proyectar.

Luego vendrían otras víctimas de la represión en el cine. Nicolás Guillén Landrián, premiado en el Festival de Cine de Cracovia (1963), y merecedor de La Espiga de Oro en Valladolid (1965), fue acusado de diversionismo ideológico, y la mayoría de su obra no se proyectó hasta 30 años después.

Más tarde, Un día de noviembre (1972), de Humberto Solás; Techo de vidrio (1982), de Sergio Giral,  y Alicia en el Pueblo de Maravillas (1991), de Daniel Díaz Torres, junto a otros filmes, sufrieron el rigor de la censura, tanto la película como el realizador, en una cacería de brujas que aún no se detiene.

Otra película que ganó el premio mayor de la popularidad subterránea en Cuba, fue Guantanamera (1995), de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, sátira sobre las carencias, el burocratismo y el derrumbe político,  vertebrada a través de un demoledor testimonio del choteo cubano.

Criticada públicamente por Fidel Castro, al no representaba los intereses del pueblo cubano ni del poder, este road movie fúnebre, que al parecer para las autoridades trasladaba el cadáver de la revolución, fue una premonición y una advertencia de que,  quien cante la Guantanamera en Cuba, será censurado.

vicmadomingues55@gmail.com

 

 

 

Escribir un comentario

XHTML: Ud.puede utilizar los siguientes tags html: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>