Publicado: Mar, 8 Jul, 2014

Donde Google es el diablo

principios-filosofia-empresarial-google Santa Fe, La Habana. El día que todos los cubanos que quieran entrar al Google puedan hacerlo, será porque Cuba comienza a ser libre. Mientras, no lo creo. Como bien dijera la bloguera-periodista Yoani Sánchez durante su estadía en New York, nuestra isla, “es la isla de los desconectados”. Y la isla, tiene dueño, ya sabemos quién es.

Parecía mentira, pero según noticias de Internet, el señor Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google Inc., estuvo de visita en La Habana el día 24 del mes pasado, interesado en comprobar si la conectividad a Internet en Cuba es la más baja de América Latina. En la actualidad, sólo 2,6 millones de cubanos, con una población de 11,2 millones, pueden disfrutar de esa maravilla del siglo XX.

Nada se supo en las calles cubanas sobre la visita del señor Schmidt y su comitiva norteamericana. La prensa nacional guardó silencio durante varios días, seguramente aterrada por lo que podría ocurrir, desde que se vio al ejecutivo de Google bajar las escalerillas del avión

Y es que a través de este prodigioso motor de búsqueda de contenido en Internet, fundado en 1998, algunos –muy pocos- cubanos se enteran de ciertos asuntos que no tienen por qué enterarse, ver fotos e historias indiscretas de líderes cubanos, sucesos que permanecían ocultos por obra y gracia de sus medios de comunicación…

A través de Google, hace unos días, vi fotos íntimas de Fidel Castro que jamás ha permitido publicar en su prensa nacional, como la foto de su boda en la iglesia con Mirta Díaz-Balart, una tierna escena junto a una cuna de sus bebé, testimonios de varios de sus guardaespaldas que han podido escapar de sus garras, las opiniones que existen sobre la desaparición en 1960 del Comandante Camilo Cienfuegos y mucho, mucho más.

Relacionar todo lo que ha mantenido oculto el régimen castrista durante más de medio siglo y que podemos conocer a través del Google, es imposible de describir.

Según se sabe, Google piensa poner en órbita 180 satélites para darle Internet a todos aquellos seres humanos que viven con los ojos cerrados en esta vida. Me pregunto para qué entonces sus representantes malgastaron su tiempo en visitar Cuba, si en definitiva, ni siquiera recibieron la publicidad que se merecían en la prensa.

Si esos 180 satélites cambian la vida del cubano, será gracias a ellos, no a los longevos gobernantes castristas. Para éstos, el silencio es lo mejor. Un silencio total y cómplice, capaz de tapar las manchas más diabólicas y siniestras ocurridas un poco antes del ataque al cuartel Moncada, en 1953.

En días pasados, también se dice que la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba –ETECSA-, proyecta ofertar a finales de este año conexiones a Internet a los hogares de la Isla, con tecnología ADSL, con vistas a desechar el acceso telefónico. Veremos si esos planes se cumplen. Ojalá y no ocurra como con el resto de todo lo que ha ofrecido Raúl Castro. Ojalá que la anquilosada dinastía castrista deje de ver a la Internet y al Google, como al mismo Diablo.

Porque saben que con Google no hay remedio. No la dirige ningún partido político, ninguna organización de izquierda o de derecha. Es un verdadero libro abierto, una ventana de par en par a la realidad del mundo donde vivimos, para que nadie viva engañado. Los pocos que disfrutamos de Internet, ya no podríamos vivir sin Google. Cómo vivíamos cuando nos faltaba, no me lo explico. Es el aire que respiramos mejor, el agua limpia que debemos beber.

 

 

 

 

 

 

 

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