Publicado: Mar, 1 Jul, 2014

La recomposición del modelo económico cubano

Particulares lideran el suministro Razones por las que no funciona la renovación económica en la isla

La Habana. Los gobernantes cubanos acostumbran a suavizar los conceptos para tratar de encubrir sus fracasos. En ese contexto podría inscribirse la tan socorrida frase de “la actualización del modelo económico”. Vista de esa manera, parece que asistimos a una simple puesta al día de ciertos mecanismos con vistas a sintonizar con los nuevos tiempos. Algo así como un soplo de aire fresco aportado por el General-Presidente tras sustituir a su hermano mayor.

Esa visión eufemística del aparato de poder contrasta con el parecer del mundo académico, incluso de profesionales oficialistas, en el interior de la isla, los que dejan entrever el fracaso de las anteriores estrategias. En el texto Modelo económico y social cubano: nociones generales, un grupo de profesores de la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana reconocen que “el modelo económico socialista que ha venido funcionando en los últimos años no da respuesta a las exigencias de la sociedad cubana en el presente”.

O sea, que no se trata de actualizar un modelo, sino de recomponer una política económica que resultó inoperante. Por supuesto que nos referimos a las reformas de los años 90, que sirvieron para atenuar los efectos del período especial, pero que al final empantanaron el desarrollo de la economía. Veamos algunos ejemplos.

En los años 90, para el trabajo de la empresa estatal se aplicó el Sistema de Perfeccionamiento Empresarial. Sin embargo, este mecanismo era selectivo— no todas las empresas podían asumirlo—, y en la práctica no les aportó a las entidades la autonomía necesaria para su buen funcionamiento. Ahora se estudia el establecimiento de una Ley de Empresas, con la pretensión de disminuir la dependencia de ellas con respecto a los organismos superiores.

De igual forma, la falta de autonomía arruinó a la mayoría de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), también creadas en los 90 con la esperanza de que resolvieran las insuficiencias productivas de la agricultura. Recientemente debieron dictarse 17 medidas para tratar de reanimarlas. Además, el gobierno debió admitir que la iniciativa privada es la única capaz de echar a andar ese sector clave de nuestra economía. Fue entonces cuando optaron por entregarles tierras ociosas a las personas que quisieran trabajarlas.

En el mismo período de los años 90, el trabajo por cuenta propia que emergió no pudo constituirse en una opción de empleo seguro para los cubanos. Muy pronto las autoridades pusieron trabas a esta actividad, bajo el argumento de que “en un país socialista, la principal fuente de empleo debe ser la estatal”. Veinte años después, el Estado decidió reconsiderar en parte su actitud, porque no es posible, desde el nivel central, hacer que las pequeñas producciones y los servicios a la población laboren con eficiencia. Semejante certeza obligó también a las autoridades a arrendarles a sus trabajadores los establecimientos de la gastronomía ligera, así como crear cooperativas no agropecuarias en un sinnúmero de actividades.

¿Y qué decir de la posición gubernamental acerca de la inversión extranjera? La Ley 77 de 1995 no resultó demasiado atractiva para los capitalistas foráneos. El trámite para la aprobación de una inversión se tornaba muy burocrático y no ofrecía plenas garantías para la repatriación del capital invertido. Todo ello tuvo como resultado que muchas firmas optaran por desistir de sus proyectos. La nueva Ley de Inversión Extranjera elimina esos obstáculos, y además ofrece exenciones fiscales a los inversionistas. Por otra parte, abre casi todas las ramas de la economía al capital extranjero.

A pesar de lo anterior, no debemos apresurarnos en cantar victoria. Estamos en la Cuba de la dinastía castrista, el emporio de los bandazos y las rectificaciones hacia el retroceso. No sería de extrañar que, al cabo de unos años, se aparezcan con la cantaleta de comenzar a eliminar los errores y las tendencias negativas de la “era de Raúl Castro”.

Orlando Freire Santana

Orlando Freire Santana es periodista independiente

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