Publicado: Lun, 28 Jul, 2014

Manipular la historia es un delito

Cuartel Moncada La Habana. Seguramente Fulgencio Batista, el dictador –blando- anterior al 1959 del siglo pasado, interpretó como graves indisciplinas sociales el hecho de que ciertos muchachos -vistos como alocados por el pueblo-, para sacarlo del poder, atacaran primero con piedras y luego con armas de fuego a los miembros de su Policía Nacional. A estos, en realidad, se les fue la mano  en defenderse, no acostumbrados a aquellos sorpresivos ataques y sintiéndose protegidos por ¨el hombre fuerte¨, como se le llamaba a Batista.

La historia no les perdona las decenas de asesinados que cometieron en sus actos represivos. Tampoco las acciones terroristas de los que peleaban por restaurar el orden constitucional.

En días pasados, como cada año, la prensa castrista recordó a tres de aquellos jóvenes que murieron en Santiago de Cuba: Josué País, Floro Vistel y Salvador Pascual, ¨Caídos en un encuentro con esbirros de la policía batistiana en desigual combate¨.

Esa nota informativa de Juventud Rebelde, publicada el 1ro de este mes de julio, es tan disparatada como todas las que se han repetido a lo largo de más de medio siglo: ¨La Ciudad Héroe no olvida a los jóvenes mártires que abonaron con su sangre la causa de la definitiva independencia de Cuba…¨

Tanto los gobernantes como los periodistas oficialistas de hoy, prácticamente ven como víctimas angelicales a aquellos terroristas que luchaban por derrocar a Batista –quien había tomado el poder por medio de un golpe de estado en 1952- y no como se dice, por una definitiva independencia, concepto que no se manejaba en la lucha clandestina, como bien lo recordamos los que también éramos jóvenes entonces.

La nota a la que hago mención, como las anteriores, carece de veracidad. Josué, Floro y Salvador, no cayeron muertos porque fueran a boicotear un mitin del régimen, sino a matar al coronel Rolando Masferrer y a otros militares allí presentes, ya que las bombas que habían colocado el día anterior en ese mismo lugar, no habían explotado.

La actividad terrorista del Movimiento 26 de Julio, organización fundada en 1955 por Fidel Castro y denominada así por la fecha del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en 1953, es considerada hoy en su prensa como ¨páginas hermosas de la historia¨, rindiéndosele, de esa forma culto a la violencia más maligna.

Josué País, Floro Vistel y Salvador Pascual, forman parte de los veinte mil mártires que el régimen de Fidel Castro, de manera falaz, ha divulgado durante su larga dictadura, cifra que ya apenas se menciona porque a lo largo de más de medio siglo, no han podido confeccionar.

La misma prensa controlada por el gobierno ha demostrado, con la repetición de las decenas de los llamados ¨mártires¨, que éstos no pasaron nunca de cien o ciento y pico de hombres y 5 ó 6 mujeres, muertos en enfrentamientos armados con la policía, o por causa de sus mismas bombas, a lo largo de seis años, como les ocurrió a Urselia Díaz Báez, Enrique Hart Dávalos, Julio Pino Machado, Agustín Gómez Lubián, Juan A. González  Bayona, Carlos García Gil y muchos otros.

Cuartel MoncadaLa verdad de aquella historia el pueblo la conoce bien. Es inútil ya seguir manipulándola, como de forma perversa continúa haciéndolo la prensa gubernamental de hoy.

 

 

 

 

 

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