Publicado: Mar, 1 Jul, 2014

Metamorfosis invertida

Cerca perimetral de aeropuerto José Martí La Habana, junio 29 de 2014. Los aeropuertos, aunque lo diga el diccionario, no son nada más que un lugar para la llegada y partida de aeronaves. Son, en primer orden, un sitio de connotada actividad social.

Y algunos son famosos no por la cantidad, aunque esa cifra sobre salga bastante en las estadísticas, por el número de aviones que entran y salen, sino por la carga que estos llevan o dejan, y esa carga fundamentalmente es humana.

Y en cualquier aeropuerto del mundo, como salir o llegar a casa siempre arrastra emociones disimiles, las condiciones están creadas para que la gente se sienta lo mejor posible. Y entre esas condiciones está la posibilidad, para el que lo desee, de estar junto a las personas que le importan casi hasta el momento de abordar.

Pero en Cuba no es de esa manera. Al menos en la terminal dos del aeropuerto José Martí de La Habana, sitio por donde arriban y salen los cubanos que van o vienen de Estados Unidos, el escenario es totalmente diferente.

En ese sitio los que van a despedir a los que viajan, no pueden siquiera entrar al salón donde los que salen realizan el llamado pre chequeo dos o tres horas antes de abordar.

Eso, en verdad, no siempre fue así. Pero se originó una especie de metamorfosis invertida. Hace varios decenios, era una herencia de la etapa republicana, aun era posible desde una terraza abierta, decirles adiós a familiares o amigos hasta el mismo momento en que entraban a la nave.

Luego la terraza fue cubierta con cristales, pero todavía existía la posibilidad de seguir manteniendo contacto visual y comunicarse con gestos con los que abordaban, ver retirar la escalerilla y al avión deslizarse por la pista para emprender el vuelo.

Pero esa posibilidad también quedó abolida. No obstante, hasta hace poco más de un año era posible permanecer compartiendo con los que viajan en el salón que antecede a la taquilla acristalada donde se presentan al funcionario de emigración los documentos para el abordaje. Ahora los acompañantes nada más pueden llegar hasta un largo portal que se antepone al mencionado recinto.

Esto se relata rápido, pero en este lugar se derraman muchas lágrimas y se lastiman muchas fibras humanas. Porque el reencuentro, aunque Estados Unidos está cerca, por regla general, nunca se conoce cuando va a ocurrir.

Pero como si esta lastimadura no fuera del todo bastante, cada 15 o 20 minutos un auto policiaco pasa lentamente por la vía colindante a donde se agrupa toda esta gente de sentimientos adoloridos.

Además, al parecer, para que el ambiente sea más opresivo en lo emocional, toda la cerca perimetral que rodea el aeropuerto termina con una alambrada igual a las utilizadas en los centros penitenciarios.

Todo esto está coronado, al interior del aeropuerto para los que arriaban, al estilo propio de los que utilizan la propaganda para tratar de ocultar la maldad, con una frase mutilada de José Martí: “Patria es humanidad”.

 

josefornaris@gmail.com

 

 

José Antonio Fornaris

Periodista independiente. Presidente de la Asociación Pro Libertad de Prensa (APLP)

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