Publicado: Dom, 13 Jul, 2014

Vigésimo aniversario de un gran crimen sin castigo

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Víctimas del Remolcador La Habana. Este 13 de julio se cumplieron 20 años del hundimiento del remolcador “13 de Marzo”. 42 personas murieron, entre ellas doce niños, una era un bebé que un potente chorro de agua arrancó de los brazos de su madre.

La historia es conocida. Sobre las 3 y 20 de la madrugada de ese día, la vieja embarcación de madera con más de 70 pasajeros y tripulantes a bordo que deseaban llegar a costas de Florida, fue , primero perseguida y luego embestida por otros tres remolcadores: Polargo 2, 3 y 5, hasta hundirla casi a la entrada de la Bahía de La Habana.

¿Quién ordenó ese crimen, uno de los más bestiales en los más de 500 años de historia de Cuba? Al pregunta no es difícil de responder, solamente pudo haber sido alguien situado bien arriba dentro de la estructura de poder; de otro manera ese terrible asesinato nunca hubiera ocurrido.

Pero si vil y mezquinos fueron los autores intelectuales y materiales de esa monstruosidad, también lo son quienes usaban toga y decían representar a la justicia. Conocían a los victimarios y nunca les exigieron responsabilidad penal. Si ese fue un acto de terrorismo de Estado y temieron enfrentar a los dueños del poder político, entonces debieron tener el pudor de renunciar a sus funciones. Porque se diga lo que se diga, todos los que en ese momento formaban parte del llamado poder judicial en Cuba, se hicieron cómplices de esa matanza de inocentes.

Voceros gubernamentales, a manera de justificación, han dicho que lo ocurrido fue un accidente, pero el “homicidio doloso” está contemplado en el Código Penal, amén de que sólo las autoridades judiciales eran y son las facultadas para determinar qué tipo de “homicidio” fue.

Pero además, aunque nunca se ha dicho abiertamente, la impresión que se recibe, aun después de 20 años, es que la muerte de esas personas fue ordenada para que sirviera de escarmiento a todos aquellos que pensaran huir de la isla para dejar atrás la miseria espiritual y económica en que estaba y aun está sumida la nación.

Y al parecer, también como parte del “castigo” nunca se ha intentado rescatar los restos mortales de esos cubanos. Si algo queda, aun permanece bajo las aguas.

Ese asesinato no tiene justificación posible. Sobre todo cuando es fácil observar que estuvo motivado, única e inclusivamente, por intereses personales y políticos.

Se conoce que el tiempo no le otorga amnistía a los que cometen ese tipo de crímenes. Así que, llegado el momento, aunque esos asesinos hayan muerto, habrá que responsabilizarlos con su culpa para que reciban el desprecio y la condena por siempre de sus compatriotas.

A su vez, aunque sea de manera simbólica y como una muestra de auto respeto, las víctimas inocentes del Remolcador 13 de marzo, sobre todo los niños, tendrán que ser sacados de su tumba acuática, y depositadas en nuestra cálida tierra. De esa manera, esos muertos innecesarios, podrán descansar en paz, y los vivos podrán cumplir con el deber de rendirles tributo

josefornaris@gmail.com

 

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José Antonio Fornaris

Periodista independiente. Presidente de la Asociación Pro Libertad de Prensa (APLP)

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