Publicado: Mie, 20 Ago, 2014

El caso de “Primavera…”, y la responsabilidad de todos

Imagen 015 La Habana. El renovado argumento descalificador del gobierno cubano sobre las supuestas intenciones subversivas de USAID no tienen ningún peso ante la realidad desgarradora que ha diario provocan con un sistema totalitario. Como ejecutores del plan de dominio sobre la sociedad civil cubana, no aceptan ninguna pérdida de control sobre la misma. Les alarma la creación de organizaciones, independientes de sus estrechos designios de lo que debe ser el país. Pero, de hecho, un Estado militarizado y unipartidista, conformado por la misma clase dirigente durante más de medio siglo, en nada representa una nación normal. Y la sociedad civil cubana, estranguladas sus iniciativas pacíficas y naturales por el peso de leyes inicuas, merece ayuda para poder crearse su propio espacio.

Por tanto, en este difícil escenario de conflicto desigual, resulta lamentable la anunciada decisión del cierre de “Primavera de Cuba”, decano de los periódicos de la prensa independiente en la isla. De hecho, parece parte de una secuencia de errores que se ha multiplicado con el tiempo, y no sólo en este caso.

Algunos analistas del tema dan por sentado que la orden emerge de la arbitrariedad burocrática sueca, estamento de donde llegaban los recursos para el sostén del periódico. Y por otro lado, denuncias públicas y de periodistas considerados afectados atribuyen como causa el mal manejo del dinero destinado al proyecto. Ambos podrían ser ciertos, y a pesar de eso, no del todo justos.

Lo primero que emerge como razón vital para este argumento es que hay que salvar la continuidad y trabajo de una de las tres escasas fuentes de información periódica digital independiente del abrumador monopolio de la prensa que controla el grupo que impera en Cuba.

Sean cuales sean las razones para este cierre, resulta precipitado y absurdo anular por tal motivo el valioso proyecto. En su lugar, cambios administrativos y de dirección hacia otras manos serían el primer paso racional, y no un ucase administrativo que sólo significa lo que en vox populi llamamos “vender la cama para que no le pongan cuernos”.

Pero además, también sería necesario ahondar en el caso y comprobar hasta dónde llega la responsabilidad de haber falta de control. Y al revisar la historia del curso tomado por los recursos que, según comentarios, USAID utiliza para ayudar a la conformación de una sociedad civil en Cuba, parece emerger un patrón inquietante.

Muchos proyectos fueron conformados en el estado norteamericano de La Florida con propósito de ayuda para este fin civil en la isla. Organizados por grupos de cubanos exiliados que recibieron cuantiosos recursos para emprenderlo, es penoso decirlo, pero el resultado material y la ayuda que eso representaba frente al peso de la intolerancia oficial nunca pasaron de una fracción mínima que llegara a manos debidas. Y muchas de las principales víctimas de la arbitrariedad estatal, como los presos políticos y sus desamparadas familias, que sufrían el acoso y ostracismo de la administración burocrática del régimen y sobre todo de la policía política, pocas veces o nunca recibieron la ayuda periódica para la cual estaba destinada buen parte de esos recursos. Y de igual manera, desaparecieron muchos proyectos surgidos en el territorio nacional, frustrados por falta de la ayuda que supuestamente tenían destinada.

Fuera provocado este mal manejo por las organizaciones de base en la Florida, o las radicadas en Cuba, el caso es que el origen en la responsabilidad de esta cadena errónea no sólo hay que buscarlo entre ellos, sino también en los ejecutivos que se encargan de asignar estos recursos. Es escandaloso que por su dejadez, ausencia de control y la falta de promoción y administración de un sencillo modelo contable y financiero que en repetidas ocasiones ayudara a mantener las cuentas claras y justas, no emergiera una iniciativa en tal sentido por parte de estos señores y entidades. Ellos son tan responsables como el que más en el uso de esos recursos. Y en esto, si realmente todo viene de USAID, ésta también ha pecado al no exigirles periódico control.

En el caso específico de proyectos en el territorio nacional, la ayuda económica y material es destinada a un país donde se puede afirmar que el 99% de la población lleva más de medio siglo encerrada en un proyecto megalomaníaco. La pobreza, la escasez, la manipulación y el maltrato, el terror y las leyes draconianas e injustas aplicadas en el método de gobierno resultaron en envilecer, encanallar y en muchos casos anular los escrúpulos de decencia y honestidad como respuesta visceral y reacción irracional ante tanta injusticia, tanto en las filas de la represión como en la de los reprimidos.

Al igual que en los incontables casos de corrupción estatal, ¿cómo extrañarse que hambreados permanentes de lo más elemental en la vida, ante la tentación de recursos monetarios y materiales que nunca han estado a su alcance en este miserable modo de existencia, y descubriendo con el tiempo que ni ellos ni su actividad están siendo fiscalizados seriamente por los proveedores, no peque de codicia? ¿Por qué, ante el repetido mal manejo de los recursos durante años, los proveedores, tan responsables de su uso y destino como el que más, no han establecido el debido plan de control, sencillo y periódico, donde las cuentas queden claras y conserven la amistad entre todos, y no dejen la sospecha y el malestar?

Resulta penosamente festinado cómo se ha repetido este ¿error? de método por tan largo tiempo. Esperemos que se saquen conclusiones acertadas del caso que nos ocupa, y que no sean también lamentables. Un mal resultado lo sufriría la voluntad de crecer de la apenas incipiente y muy débil sociedad civil en la isla.

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