Publicado: Mie, 13 Ago, 2014

El enigma de la Gran Piedra de Cuba

 

La Gran Piedra Santa Fe, La Habana. La incógnita sobre el origen de La Gran Piedra, situada en la cúspide montañosa del Parque Nacional Sierra Maestra, a poca distancia de la ciudad de Santiago de Cuba, aún persiste, pese a las variadas versiones que posee.

Se dice que se trata de un aerolito que cayó hace millones de años. También que pudiera ser un producto sólido de alguna explosión de un volcán submarino, perteneciente a la formación de rocas de las minas de El Cobre. Por último, también se dice que según un especialista ruso, Guennadi Kusakov, quien en 1983 la investigó durante dos años, La Gran Piedra es la prueba del último episodio volcánico de Cuba, ocurrido en el Paleógeno a nivel submarino.

Pero lo cierto es que la gran mole de piedra, con un peso de 6 mil toneladas, un diámetro de 51 metros por 26 y 30 y a 1,225 metros de altura sobre el nivel del mar, donde pueden estar de pie varias personas, todavía representa un enigma para los geólogos cubanos.

Sobre La Gran Piedra, aparece una vieja historia en una crónica del poeta y periodista Nicolás Guillén, publicada en el Periódico Hoy, en marzo de 1963, titulada Sismos y cafetales, reproducida en el III tomo de su libro Prosa de prisa, de 1975.

En dicha crónica, Guillén hace referencia a un libro escrito por Don Miguel Rodríguez Ferrer –Sevilla 1815-1889-, Naturaleza y civilizaciones de la grandiosa Isla de Cuba, impreso en Madrid en 1876, libro que recibió el poeta, como regalo del Capitán Antonio Núñez Jiménez.

A través de su crónica, sabemos hoy que según el geólogo español, quien en la década del cuarenta del siglo XIX investigó durante varios años las regiones orientales cubanas, el 20 de agosto de 1852 un fuerte temblor de tierra sacudió durante cuatro días no sólo la ciudad de Santiago de Cuba, sino también los pueblos de Baracoa, Gibara Holguín, Bayamo, Manzanillo y además Kingston, la capital de Jamaica.

Sobre la enorme piedra, Guillén incluye en su crónica lo que escribió Rodríguez Ferrer en su libro sobre lo acontecido aquel día:

En lo más elevado de la Sierra Maestra, partido de Andalucía, perteneciente entonces al señor Don Juan Fernández de Castro, muchas piedras multiplicaron sus caídas y hubo una que después del terremoto del 20 descendió de la montaña y arrastró el bohío o la casa de los negritos jóvenes –criollitos- que por gran felicidad se estaban bañando entonces en un arroyo algo distante, lo que les proporcionó el poderse librar de su violencia. Este gran bloque lanzado desde tanta altura se llevó por delante cuanto encontró a su paso y fue a parar a legua y media del punto de partida, causando un estrépito que se oyó a más de dos leguas de distancia.”

Por último, aclara el geógrafo sevillano que ¨En los cafetales también cayeron iguales piedras sin hacer daño alguno a sus dotaciones por haberse repetido tan felices casualidades¨.

Este hecho histórico no sólo fue conocido por el Capitán Núñez Jiménez y por el periodista Nicolás Guillén, sino también por los sabios cubanos Don Felipe Poey Aloy y Antonio Bachiller y Morales, quienes apoyaron las labores de terreno del geógrafo español.

En la actualidad, se conservan valiosos objetos en el Museo de Historia Natural de la Universidad de La Habana, donados por don Miguel Rodríguez Ferrer, descubiertos en sus exploraciones,

Es bueno señalar que en los recortes de prensa publicados durante los últimos años que guardo en mi archivo personal, relacionados con La Gran Piedra, no se menciona la versión de don Miguel Rodríguez Ferrer, ni su famoso libro. Queda mucho por investigar sobre el enigma de La Gran Piedra de Cuba.

 

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