Publicado: Mie, 6 Ago, 2014

El mercado se impone una vez más

 

Hospital Miguel Enrique La Habana. Durante los recientes debates en la Comisión de Salud y Deportes del Parlamento cubano, algunos diputados se refirieron a ciertas “irregularidades” en el sector de la salud, entre ellas la venta de servicios estomatológicos, como los implantes y las prótesis.

Al ahondar en esa situación, la señora Ileana Flores Izquierdo, contralora jefa de la Dirección de Servicios Sociales Presupuestados, subrayó que “persiste una economía de mercado paralela y delictiva; pues aunque hay un aparente decrecimiento de los hechos según lo reportado, todavía no se logra la contención del fenómeno; y el control interno no se convierte en matriz y guía de las entidades en busca de la probidad administrativa”. (1)

Vayamos por partes. En primer término, es plausible que la señora Flores reconozca que la venta de los servicios estomatológicos constituye una manifestación de la economía de mercado. Es decir, que ante una demanda que supera la oferta, los pacientes están dispuestos a pagar por tales servicios, dándoles el verdadero valor que poseen.

Ahora bien, en lo que no coincidimos con la funcionaria es en el calificativo de “delictiva” a la economía de mercado. Ninguna economía de mercado es, de por sí, delictiva. Solo se ve como tal en países como Cuba, donde el gobierno reprime al mercado, y este, al aparecer de todas maneras, recibe del oficialismo los membretes de bolsa negra o economía sumergida:

Y comoquiera que la relación oferta-demanda siempre va a estar presente, le aseguramos a la señora Flores que eso que ella llama “fenómeno”— la susodicha venta de los servicios estomatológicos— nunca se va a contener, ni siquiera con miles de controles internos como los que ella ensalza.

Mas, pensándolo bien, no hay que indagar demasiado para encontrar otros servicios de salud en el que rigen los mecanismos del mercado, en este caso al amparo del propio Estado: me refiero a las ópticas. Si una persona acude por los canales de la salud pública gubernamental (médico de familia-policlínico-hospital) tiene pocas posibilidades de hallar los espejuelos que necesita, sobre todo si se trata de bifocales. Es verdad que les resultarían baratos— quizás 50 pesos cubanos o 2 CUC—, pero pueden tardar tres meses en estar listos, o el usuario verse en la necesidad de mandarlos a hacer nuevamente debido a lo defectuosa de su terminación.

En cambio, si se poseen 100 CUC en el bolsillo, podemos dirigirnos a ópticas como Almendares, ubicada en la calle Obispo, en la Habana Vieja, y obtener unos espejuelos de primera calidad. Previamente, el usuario recibe un reconocimiento visual por parte de experimentados oftalmólogos, todo incluido en el precio de los espejuelos. Ah, y lo más importante: los espejuelos estarán listos apenas una hora después de haber sido pagados.

¿Qué tendría que comentar al respecto la contralora Ileana Flores Izquierdo? Sería conveniente, en síntesis, que las autoridades se decidieran a privatizar determinados servicios de salud. Así ganaríamos todos: las personas que puedan pagarlos van a recibir una atención de calidad; mientras que el Estado, ya con menos personas que dependan de él, podrá ofrecer una mejor cobertura médica a aquellos que precisen de la medicina pública.

 

  1. Periódico Granma. Viernes 4 de julio de 2014 (pag. 3)

 

Orlando Freire Santana

Orlando Freire Santana es periodista independiente

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