Publicado: Mie, 20 Ago, 2014

El sexo como trampolín

Malecón habanero La Habana. Junto al dinero y el tráfico de influencias, el sexo usado como mercancía es una de las herramientas más efectivas para triunfar en el controlado mercado laboral del arte en Cuba, según dio a conocer Héctor Pacheco, músico de profesión que tributa para una de las empresas del Ministerio de Cultura.

De acuerdo a la información de Pacheco, con solo talento no basta para ascender a la élite de los gremios del arte en la isla, se necesita, además, obtener el apoyo de algún directivo del Ministerio de Cultura o el Instituto Cubano de Radio y Televisión –ICRT-, organismos desde donde se vigila y certifica cada movimiento de los principales espectáculos culturales del país.

Pacheco revela que para quienes no son familiares o allegados de altos funcionarios de Cultura y el gobierno en general, la fórmula para el gran salto al éxito se reduce a dos posibilidades casi únicas: pagar una notable suma de dinero por la plaza vacante o comprar con sexo el favor de directores, productores, representantes y otras figuras vinculadas a la contratación de artistas.

En tal sentido señaló que “lo he visto reiteradamente en varias empresas, en la EGEM, Musicalia, sobre todo los artistas más jóvenes terminan prostituyéndose para poder llegar a las grandes agrupaciones y compañías. Es una práctica muy normal”.

En su paso por el famoso show del Cabaret Tropicana, como miembro de la orquesta del cabaret, constató el acoso sexual que algunos jefes ejercían sobre los artistas que asistían a los casting convocados en busca de un cupo para los espectáculos del centro recreativo.

Pacheco describe como los directores de espectáculos, productores y coreógrafos, “desnudaban a los bailarines que se presentaban, los manoseaban en sus partes íntimas, fundamentalmente los senos de las mujeres, y ahí marcaban con quien querían estar. Mandaban el recado a la elegida o el elegido y la decisión era ley, si querían entrar al show tenían que estar sexualmente disponible”.

Una ex bailarina corrobora el testimonio de Pacheco. Alina de Armas participó de uno de los casting citados en Tropicana, donde vivió una triste experiencia al ser tratada como un objeto sexual.

La antigua bailarina relató como una coreógrafa acompañada de otras cuatro personas que no se identificaron, entre ellas un extranjero, “nos pidió que hiciéramos unos cuantos movimientos, muy breves, después nos mandó a quitarnos toda la ropa menos la tanga y nos toquetearon de una manera nada profesional”.

Más tarde, en espera de los resultados, un bailarín se le acercó y en secreto le susurró que la coreógrafa la había escogido “para que fuera su pareja en una fiesta íntima”. A su negativa el mensajero le aconsejó aceptar, de otra manera no clasificaría para el espectáculo como finalmente sucedió.

“Aquí todos pasamos por eso, no seas boba, es tu futuro”, recuerda de Armas que el bailarín le comentó.

El resquebrajamiento moral en el sector y el uso de la sexualidad como medio eficaz de trepar en el complicado mundo de la cultura cubana, subyace como secuela de las marcadas diferencias salariales y de otros beneficios económicos que existe entre los artistas contratados, inclusive, por una misma empresa de Cultura.

Mientras unos paralelo a la fama amasan importantes cantidades de dinero trabajando en las principales plazas recreativas del país y gozan de la prioridad de obtener los contratos que llegan del exterior, otros que se retuercen por las pobres mensualidades que perciben, cubren las actividades comunitarias que el Ministerio indica a las empresas.

Irán Barrientos, músico empleado de Cultura, comunica las artimañas que enfrentan los artistas noveles o no establecidos que desean penetrar en los medios audiovisuales, donde los espacios de promoción se reservan primero a círculos privilegiados.

Explica que en tres comparecencias a audiciones programadas por la División de Musicales de la Televisión Cubana, desarrolladas en instalaciones del ICRT, comprobó que varios concursantes fueron invitados a “resolver el problema” actuando como sexo servidores.

“A mí no me pasó pero vimos salir llorando a dos muchachas en momentos diferentes, cuando le preguntamos que les había pasado respondieron que el productor al frente del casting les dijo que para ganarse el puesto tenían que acostarse con él”, denunció.

Según Barrientos todos esos músicos jóvenes que se ven en la televisión no cayeron del cielo, para llegar allí “si no son hijos de papá” tienen que pagar alrededor de 300 Pesos Convertibles –moneda alternativa que valorada en uno por uno con el dólar de EUA circula junto al peso oficial – a los directores y productores.

“Conozco a muchos que no tienen donde caerse muerto así que tuvieron que cerrar los ojos y entregársele al primero al que le gustó y podía resolverle un espacio en la programación de la TV. Parece que soy exagerado pero lo que cuento lo digo tal y como es, al pié de la letra”, expresó.

 

Escribir un comentario

XHTML: Ud.puede utilizar los siguientes tags html: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>