Publicado: Mie, 27 Ago, 2014

El trabajo privado sufre discriminación en Cuba

Vicitaxistas privados El negocio privado encerrado en un callejón sin salida

La Habana. Desde el 2010, el trabajo privado conocido en Cuba como “por cuenta propia” ha tenido más bajas que altas. La inestabilidad de esta cifra va no solo de la mano del Estado, sino de los que se suman, casi siempre de manera obligatoria, a esta variante laboral.

A casi cuatro años de ponerse en marcha el cuentapropismo con nuevas opciones para el limitadísimo mercado de trabajo, se percibe cada vez más claramente la negativa de la máxima dirigencia nacional a permitir flexibilidades en cuanto a la privatización de algunos renglones para dar un vuelco positivo a la economía.

Si este empecinamiento por impedir la prosperidad personal provoca innumerables problemas en los trabajadores que laboran para las empresas estatales, en los privados resulta en una afectación aun mayor, no sólo en el reconocimiento de su importancia dentro del esfuerzo económico nacional, sino en cuanto a lograr ganancias personales para su mejora individual.

Los trabajadores privados representan una minoría exigua. Algunos han alcanzado ganancias notables, y la mayoría al menos se sienten estables con sus entradas en el periodo de un año. Pero muchos más invirtieron en vano, para al final entregar sus licencias.

Aún el Estado no ha sido capaz de crear almacenes donde estos pequeños empresarios puedan adquirir a menor precio la materia prima necesaria para desempeñarse en sus funciones. Las vías que encuentran para resolver este dilema a menudo transgreden la legalidad y por este motivo muchos han perdido sus trabajos.

Si bien la apertura de esas modalidades de trabajos ha logrado la incorporación de un número creciente de personas, sobre todo jóvenes, no se logra que permanezcan en los mismos. No es menos cierto que en parte han ayudado a aliviar actividades masivas como el transporte, la gastronomía y el comercio, mas tienen que soportar las innumerables arbitrariedades impuestas por una injusta Ley, así como las de los inspectores o de otras instancias del Estado relacionadas con estas labores privadas.

“Tengo hijos de distinto matrimonio. Están chiquitos y debo mantenerlos, Dios sabe lo que tengo que aguantar en este timón para ganarme un dinero que no me alcanza”, dice un chofer de taxi privado a una pasajera sentada a su lado.

Estos conductores casi nunca son los dueños de los vehículos que manejan. Tienen que pagar una cuota al propietario, y además compartir parte de lo poco ganado sobornando a quienes hacen lo posible por retirarles las licencias.

Otros, como los vendedores, tienen que pagar también el local donde se desempeñan, el que junto al gravamen de impuestos que sufren por el diez por ciento sobre las ventas mensuales y la propia licencia, para compensarse las pérdidas que esto les provoca se sienten compulsados a elevar aun más los precios de las mercancías que venden.

“Cada vez que llega un jefe nuevo, trae “sus leyes”, y siempre son para afectarnos. Yo no digo que no paguemos, pero está todo tan caro que no hay más remedio que subir los precios, y eso va contra el cliente y nosotros. La gente quisiera comprar, pero el dinero no les da”, apunta una vendedora de bolsos y carteras en una feria en el municipio Centro Habana.

Otros que actúan como cuentapropistas en la gastronomía tienen similares comentarios. “Pago el espacio que uso para vender, pero me tengo que pasar regalando el plato de comida a los inspectores. Y si te pones de mala suerte, corres el peligro de que uno de ellos le caiga mal la comida y te acuse. Y esa es fatal, porque pierdes el trabajo y puedes ir hasta al tribunal”, asegura una gastronómica en el municipio 10 de Octubre.

Mas ahí no terminan los contratiempos para estos trabajadores. Se redimensionan cuando reclaman sus días de trabajo y descanso, o las vacaciones. Mientras que el contrato establece que pueden tener dos períodos quincenales de vacaciones al año, y que los descansos diarios son acordados con el principal responsable de la actividad, la realidad cotidiana está llena de dificultades.

“Estudié y trabajé unos años, pero era el que menos tiempo llevaba en el departamento y quedé disponible. Trabajo por cuenta propia porque tengo que ayudar a mi familia, y porque no hay más nada. A veces me pongo a pensar en para qué estudié”, dice un joven vendedor de una cafetería en el municipio Cerro.

Es inquietante esta presente realidad del trabajador de negocios privados. El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) y la central de Trabajadores de Cuba (CTC), junto a otras entidades pertinentes, están en el deber de garantizar el derecho a que estos laborantes puedan realizar sus oficios y profesiones de manera legal y decente, y lograr la prosperidad que le pueda otorgar su esfuerzo y empeño. Esto, hasta hoy día, no se ve por ninguna parte.

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