Publicado: Mie, 27 Ago, 2014

Represores en apuros

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La Habana. Es posible que con la publicación de este artículo, el mayor de la policía política cubana, Ortelio Abrahantes Bacallao, que desertó en marzo del año en curso, continúe a expensas de la deportación.

Hace más de 5 meses que se encuentra en el centro de detención, Carmichael Rd, de Nassau, Bahamas, después que el barco velero donde viajaba rumbo a los cayos de la Florida fue interceptado por la guardia costera estadounidense.

Ahora, el atribulado oficial del Ministerio del Interior (MININT) pide clemencia. Un gesto que jamás pensó escenificar en los catorce años que estuvo al servicio de la entidad encargada de aterrorizar a la población.

¿Cuántas vilezas habrá cometido en Cuba, el hombre que ruega por su admisión al país que seguramente estigmatizó en decenas de actos de reafirmación revolucionaria y quién sabe si también frente a la casa de algún opositor, como parte de la turba que clama por el linchamiento?

Ya tendrá listo su mea culpa o a lo mejor opte por despachar historias donde su responsabilidad quede limitada a labores burocráticas sin ninguna implicación represiva.

Es imposible creer que un oficial del MININT, haya podido mantenerse al margen de los fines para lo que fue creada la institución: garantizar la obediencia a los jerarcas del partido y al gobierno a cualquier precio.

Por tanto, Abrahantes es culpable de varios delitos. Cierto que habría que probarlos ante un tribunal, pero eso no resulta una complicación, frente a un hombre que ocupaba la jefatura de la Unidad Provincial de Transporte Marítimo y Naval del organismo militar en Ciego de Ávila.

O sea que no era un simple oficial. Haber llegado a ese nivel implica notas sobresalientes en la defensa de la ideología que rige los destinos del país desde 1959.

Su destino pende de un hilo. Si definitivamente lo devuelven a la Isla, sabe que le espera una larga condena por “traición a la patria”.
De todas formas el litigio no ha terminado.

Un abogado de Coral Gables se hizo cargo de la representación legal y por otro lado la congresista federal de origen cubano, Ileana Ross Lethinen, le envió recientemente una carta al Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon para que intercediera en el caso.

Dos personalidades con gran influencia para evitar la deportación.
La deserción del mayor Abrahantes, no es la primera ni será la última. Más de una veintena de sus correligionarios se encuentra a buen recaudo en tierras del Tío Sam.

Un indicador para que no pierda las esperanzas de cubrir la ruta Nassau- Miami, eso sí, alejado de su esposa e hija que quedarían como rehenes dentro de Cuba.

Las circunstancias inclinan la balanza hacia el perdón. Todos los represores no pagarán sus culpas. La condena moral es lo más atinado en un escenario donde todos hemos sido culpables por acción u omisión.

Perdonar a los verdugos puede llegar a ser relativamente fácil. El olvido de todas las crueldades en nombre de una revolución que destruyó el país, no.
Ojalá Abrahantes consiga volar hacia la libertad. Pensemos que su arrepentimiento es genuino. Como el que han protagonizado quienes le antecedieron.

Sus rectificaciones y la generosidad “del enemigo” pueden evitar el retorno a la jauría de la cual fue parte y que no vacilaría en convertirlo en un guiñapo.
oliverajorge75@yahoo.com

 

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