Publicado: Mie, 27 Ago, 2014

Víctima del Sistema

Prisión de Boniato (foto tomada en el memorial al Preso Político Historia de una opositora pacífica cuya vida quedara marcada por la represión

Santa Clara. Soraida Hernández Pérez es una más de los cubanos de a pie. Nació el 27 de diciembre de 1963 en Santa Clara, de origen campesino pobre. Cuando su progenitor, Buenaventura Cepero Monteagudo, “Ventura”, se alzó en armas con las guerrillas anticomunistas del Escambray, había dejado embarazada a Caridad Ferreira Sotolongo la madre de Soraida.

Mas Cepero Monteagudo nunca conoció a su hija. Fue fusilado por el ejército de Fidel Castro en julio de 1965. Hasta el presente, los que le ultimaron aun se niegan a revelar dónde descansan los restos mortales.

Luego de la ejecución del padre alzado, la familia de Ventura se volvió un objetivo de trabajo de los órganos de la Seguridad del Estado. Por buen tiempo el aparato de la Contrainteligencia, CI, mantuvo una observación agresiva sobre todas sus actividades, buscando indicios que los relacionaran con actos en contra del gobierno “revolucionario” comunista.

Además del acoso, intentaron influenciar en los parientes del fallecido, pretendiendo sofocar el rencor hacia el sistema político imperante que promoviera la ejecución sumaria de Cepero Monteagudo. Muy pronto se sumaron otras maniobras de desinformación. El aparato represivo comenzó a promulgar falsos testimonios e historias horrendas sobre los miembros de esas guerrillas de alzados, presentándolos como los malvados ante la población y los familiares de todos los presos y ejecutados de la zona.

Eran tan fuertes las versiones vertidas que, desinformada, la población repudiaba a los guerrilleros y los familiares de los alzados sentían temor de que por tal razón se les pudiera encimar alguna represalia. Por este motivo la viuda de Ventura y madre biológica de Soraida, recientemente fallecida, para protegerla del régimen, en el mismo hospital donde diera a luz tuvo que entregar en adopción a su hija recién nacida. Seleccionó como padres adoptivos a Felix Manuel Hernández Ramírez y Ana Rosa Pérez Pérez.

La vida de la niña se desarrolló en el seno de ese nuevo núcleo familiar. Para ella, Félix y Ana Rosa fueron sus padres sanguíneos hasta que alcanzó la mayoría de edad. Entonces conoció la tragedia que había transformado su existencia. Esto reflejó el temor heredado, algo que subconscientemente anidaba en ella desde hacía mucho tiempo, presintiendo que se le ocultaba algo serio.

Poco después se casó y logró su propia descendencia. Fue con altas y bajas, al igual que otras muchas familias. Ahora sus dos hijos tienen 32 y 19 años. También quedaron marcados por los largos brazos del control estatal, actuando en las sombras mediante las personas que conforman los órganos represivos. Y por esa persecución no pudieron estudiar una carrera de importancia técnica o profesional.

Mas la estirpe de patriota corre por las venas de Soraida. Desde 1992 es activista del movimiento opositor Maceistas por la Dignidad, y por buen tiempo formó parte de las honrosas Damas de Blanco en Villa Clara. Sólo su escasa salud la obligó a dejar esa actividad, aunque permanece como apoyo de sus hermanas de lucha, viéndosele ir cada domingo con ellas a la iglesia y orar por la libertad de Cuba. Debido a la constante presencia fiscalizadora de la CI, y como nunca ha dejado de sentirse vigilada, tiene varios hogares de residencia y se desempeña en disimiles funciones para obtener el sustento de los suyos.

El trabajo represivo de la Seguridad del Estado no se ha limitado a la obsesiva vigilancia de su persona toda la vida. También la ha tocado directamente. En su haber cuentan innumerables detenciones, algunas con violencia y golpes; registros en su domicilio con pretextos de supuestos delitos comunes, y hasta una sanción de tres años de prisión domiciliaria por un supuesto delito de hurto y sacrificio ilegal de ganado mayor, dictado por dos libras de carne de res que comprara en el mercado negro para alimentar a sus hijos.

Esta valiente mujer es una víctima del sistema político cubano. Nunca la recibieron los brazos de la madre cuando emergiera del vientre materno, ni conoció a su padre, muerto en el paredón, quizás sin siquiera llegar a saber que tenía una hija.

 

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